domingo, 5 de marzo de 2017

La comida de los presos en 1875

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural


En 1875, a los presos que tenían encerrados en la cárcel de Monterrey por alguna razón, les ofrecían el siguiente menú: por la mañana una moca (vasija de hojalata) con medio litro de café y una torta de pan que costaba 3 centavos. Al medio día les daban dos gordas (tortillas gruesas) de maíz a los que no trabajaban; quienes sí hacían una labor: tres gordas de maíz, un puchero de res con arroz, garbanzo, verduras y carne, además de una porción de frijoles. Por la noche cenaban dos gordas con sal, frijoles o café según el gusto del penitente. En cambio, a los enfermos les daban comida de dieta. Buena comida, pero aunque la jaula sea de oro...

sábado, 4 de marzo de 2017

La fiesta del "Gran Turco"

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural


Monterrey también tuvo su "morisma", era la fiesta del “Gran Turco”, realizada en el siglo XVII hasta 1762. Se trataba de una procesión en la que intervenían los vecinos divididos en dos bandos: el de los moros encabezados por "El Gran Turco" y el de los cristianos lidereados por el portaestandarte que llevaba impreso el emblema de la Santa Cruz. El “Gran Turco” era un individuo ataviado con un gran turbante y lujosamente vestido a la usanza oriental. Llegaba al pueblo montado en caballo blanco, recorría las calles y le seguían sus tropas. A su paso lanzaban gritos e injurias y disparaban cohetes y balazos. Luego los cristianos perseguían al “Gran Turco” y a sus tropas, lanzándoles piedras y gritándoles injurias. La procesión terminaba cuando el “Gran Turco” y sus moros se rendían y simulaban entrar avergonzados por su derrota a la Iglesia, para ser convertidos y bautizados. Ya no pudieron hacer la gran fiesta, pues ninguno de sus empobrecidos vecinos podía pagar el costoso disfraz del “Gran Turco”. Durante muchos años, la celebración era costeada por el dinero del pueblo, hasta que definitivamente no pudieron más y la fiesta se suspendió. Lo interesante del caso, es que la tradición aún se practica en algunas ciudades del centro del país, en la cual recordaban el asedio del imperio otomano a Europa y las batallas de los reinos cristianos en contra de los pueblos al amparo de la Media Luna y de Alá. 

viernes, 3 de marzo de 2017

Los carnavales y fiestas de antaño

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural


Temporada de carnavales y fiestas previas a la cuaresma. Algunos municipios de Nuevo León la tuvieron y las vivieron con regocijo. Lamentablemente dejaron de hacerlas, seguramente obligados por aquellos que durante muchos años se dedicaron a pregonar que como aquí no había cultura ni tradiciones, solo trabajo y laboriosidad. Entonces las muestras populares no tenían razón de ser. ¿Y como se van a comparar con las del centro y sur del país? No falta quien diga en tono despectivo y a veces burlón. ¿Cómo vivían en los acontecimientos en los tiempos marcados por las fiestas religiosas como cívicas? Bueno, hacían bailes, carnavales, desfiles de carros alegóricos, se disfrazaban o vestían elegantemente para la ocasión. Ejecutaban combates con flores (se tiraban pétalos unos a otros), se echaban agua, confeti o serpentinas. Ponían candelas en las fachadas de las casas, aprovechaban para comer y beber bien. No todo fue trabajo, ahorro, sacrificios y demás actitudes que nos caracterizan como la de ser parcos y fríos. En ésta imagen vemos un desfile en La Fama de Santa Catarina, a un grupo de muchachas guapas que posan ante una cámara. Mientras el cochero se toma muy en serio aquello de conductor “resignado” y por eso aparece de perfil, inmutable y sobrio para la ocasión. Previo a la cuaresma, la gente vivía sus fiestas como una forma de preparación a la Semana Mayor.