martes, 27 de diciembre de 2016

La casa que nunca terminaron

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural

Dice el poema “Las cosas viejas, tristes, desteñidas, /sin voz y sin color, saben secretos/ de las épocas muertas, de las vidas/ que ya nadie conserva en la memoria, /y a veces a los hombres, cuando inquietos/ las miran y las palpan, con extrañas/ voces de agonizante dicen, paso, / casi al oído, alguna rara historia/ que tiene oscuridad de telarañas, / son de laúd, y suavidad de raso".


Sobre la calle de Bernardo Reyes en el barrio de la Capellanía allá en mi Solar Poniente, había una casa con hermosos detalles. Pero solo tenía su fachada altiva. Un acceso para los carruajes, una puerta principal con arco de medio punto y jambas finamente labradas, con dos ventanales en lo que seguramente colocarían los enrejados. Sin techo, solo un solar que parecía llegar hasta el Cerro del Fraile. La obra humana parecía inerte, pero no la vida que prodigaban los vetustos árboles del patio y una vegetación que crecía por el agua de la acequia. Las aves cantaban y revoloteaban extrañando a la feliz pareja que un día iban a residir en esa finca. Las historias de amor no siempre terminan bien. El novio le prometió una casa hermosa para que en ella formaran su familia y los niños crecieran. Con rincones húmedos y frescos para que anidaran las golondrinas. Poco antes de la boda ella enfermó y ya no se recuperó. En vez de una ceremonia nupcial el sacerdote dio los santos óleos y una misa de cuerpo presente. 

El amante fiel ya no quiso vivir. Dejó la casa inconclusa, como un testimonio de amor que nunca cristalizó. Lo que habían levantado se quedó triste, esperando que alguna vez su grandeza retornara. El novio ya no quiso habitar el nido, ya no se supo más de él. Solo los sillares tan fuertes colocados encima de unas rocas duras, hablaban de lo que pudieron ser. Las lluvias torrenciales del Gilberto dañaron el muro y éste se vino abajo, como una comparación del amor que alguna vez se juraron unos jóvenes y no pudieron confirmarlo en la Tierra, pero seguramente sí en el Cielo. 

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