domingo, 13 de noviembre de 2016

La leyenda de la viejita y el manto verde

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor y promotor cultural


No todas las leyendas son trágicas o nos hablan de las ánimas en pena. Una bella joven que vivía por el rumbo del Barrio del Roble, perteneciente a una familia más o menos con buena posición social, quedó enamorada de un arriero que radicaba por el mismo rumbo. La joven había perdido a sus padres, pero estaba al cuidado de su abuela paterna. La cuidaba tanto que buscaba estar cerca de ella, cuando iba a misa al templo o de paseo. Eso al galán no le importaba y se daba tiempo para verla. Cada noche, cuando la viejita estaba dormida, los novios se quedaban platicando, con tan solo una reja que los separaba pero que los mantenía cerca, una en frente del otro. Una buena noche, decidieron la huida de la muchacha. Ella acordó llevar un manto verde para identificarse entre la gente. Su abuela salía todos los días a misa de cinco, y esa sería la hora oportuna para escapar. Pero la abuela tomó el manto de la nieta, que fingía dormir para no acompañarla. El enamorado galán fue al templo y cuando los fieles salieron de la misa, al identificar el manto arrancó con su caballo, la tomó en sus brazos y la subió en ancas, pero en el primer farol encendido se dio cuenta de la confusión. En lugar de la novia era la viejita. Cuentan que la abuela iba eufórica en brazos del jinete. En la primera oportunidad la bajó y no esperó más ni escuchó las cosas que le gritaban. Parece ser que por pena o vergüenza, ya no regresó por su novia. Me faltó leerles esta leyenda porque me cortaron el tiempo de participación.

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