domingo, 11 de septiembre de 2016

Leyenda: "la virgen escondida"

Antonio Guerrero Aguilar/ Escritor e historiador


Durante la ocupación francesa a Monterrey, una señorita de apellido Buentello conoció a un distinguido oficial extranjero. Pronto la amistad se hizo un idilio que no fue bien visto por los padres de la novia. Al respecto escribió don Pepe Saldaña: "El amor no tiene nacionalidad, ni distingue circunstancias, se ama porque sí... Y la señorita Buentello amaba; eso era lo único que sabía, porque lo sentía muy adentro de su joven corazón. Contrariaba a sus padres, ...es verdad; pero no era ella, algo más grande que ella misma la sujetaba y la obligaba a proceder así. Más de una vez de rodillas ante la Virgen de la Purísima, le había pedido que intercediera ante ella...."


Una noche el oficial platicaba con ella a través del enrejado de su casa situada por la calle Rayón en Monterrey. Lo hacían discretamente para que sus padres no se dieran cuenta. De pronto un disparo rompió la quietud de la noche. El comenzó a sujetarse con más fuerza a las rejas, hasta que quedó a sus pies. Muy apenas musitó "te amo", para caer sobre su sangre. Ella salió para verlo. Se dio cuenta que estaba muerto. Como señal de dolor y amor, le quitó el jazmín manchado de rojo que le había dado y lo besó. Pasó el tiempo, nunca más vieron a la joven. Quedó encerrada en su casa y solo recordaba al amor de su vida en un camafeo que contenía el retrato de su amado y del jazmín que los unió en aquella fatídica noche. El enrejado desapareció, taparon la ventana y nunca más la volvieron a ver. Los vecinos se referían a ella como "la virgen escondida".

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