miércoles, 24 de agosto de 2016

Cuando murió don Martín de Zavala

Antonio Guerrero Aguilar/ Historiador y promotor cultural

El 24 de agosto de 1626, Martín de Zavala llegó a Monterrey para convertirse en Gobernador y Capitán General del Nuevo Reyno de León, cargo que ocupó hasta su muerte el 8 de agosto de 1664. Estableció dos villas, la de San Gregorio de Cerralvo y la de San Juan Bautista de Cadereyta. Quiso hacer efectiva la posesión territorial y jurisdiccional del Nuevo Reyno de León, buscando establecer una población en lo que había sido la Villa de la Nueva Almaden (actual Monclova) y otra en Matehuala que perteneció a nuestra jurisdicción hasta mediados del siglo XVIII. Invirtió y apoyó con sus recursos y durante los 38 años que fue gobernador no tuvo ganancias. Antes embargaron sus bienes y desatendieron las misiones y pueblos de indios que había promovido. En entonces virrey trató con ingratitud todo lo que había logrado en beneficio del Reyno.

martes, 23 de agosto de 2016

Otra de mujeres heridas en la Cuesta de Carvajal...

Antonio Guerrero Aguilar


El 6 de septiembre de 1863 llegó una brigada a Santa Catarina al mando del general Julián Quiroga. Con ella venían unas mujeres que fueron heridas en el rancho de Carvajal. Mandaron traer a Juan Saldívar que sabía algo de medicina, pero ante la gravedad del asunto; prefirió no intervenir y solicitó su traslado hasta Monterrey. Algunos testigos residentes en la Cuesta de Carvajal, dijeron que las cuatro damas venían atrás de la tropa. El alcalde Mariano Rangel hizo las averiguaciones pero los soldados no quisieron hablar. Unos dijeron que solamente oyeron disparos que les provocaron daños a las mujeres. Una de ellas estaba embarazada y tenía una herida por la espalda. Otra tenía el orificio de bala arriba de la cintura. Al ser cuestionadas dijeron que seguían a la tropa; porque una seguía a su esposo y la otra al hijo que habían sido muertos en una acción en Puebla. Se sumaron al contingente para regresar a la Villa de Santiago de donde decían ser originarias y procurar el pago por sus servicios. Para mantenerse preparaban las comidas como “vianderas”. Cuando arribaron a Monterrey, las llevaron al hospital para ser curadas. Quiroga aceptó la culpa. Dijo que les disparó solo para asustarlas pero que no les hizo daño. Ya les había advertido de que no quería verlas entre su gente. Una de ellas dijo llamarse Cayetana Lara, originaria de Tepeji del Río. La otra se llamaba María Juana Lugo, originaria de México, sobrina de una de las heridas, quienes formaban parte de un grupo de mujeres que estaban juntas en la mañana cuando fueron a dispararles. Afortunadamente el doctor Gonzalitos sanó sus heridas y finalmente dio la parte de que los daños sufridos no eran de riesgo. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Encuentran a mujer muerta sobre el camino a Saltillo

Antonio Guerrero Aguilar/ Historiador y promotor cultural


El 12 de junio de 1830, el alcalde de Santa Catarina Teodoro García, escribió una carta al gobernador don Joaquín García, en el cual le da parte del hallazgo del cuerpo mutilado de una mujer en el camino que va de Monterrey a Saltillo. Un vecino llamado Joaquín Mireles encontró al cadáver de una mujer desnuda y sin cabeza, con múltiples heridas causadas por un arma blanca, por lo que dio aviso a un regidor del ayuntamiento,. El sitio donde estaba el cadáver se llamaba Charco Verde. Por ese rumbo Mireles tenía una casa y Julio Morales un jacal. Acudieron el regidor y dos vecinos para dar fe del asesinato: “el espectáculo más lastimoso que en otros tiempos se ha visto, habiendo seguido el mismo regidor la huella de sangre hasta a distancia de diez pasos, donde estaba cubierta la cabeza de la difunta y tapada con unas lechuguillas, la cual regresó y en unión del cuerpo lo trasladaron a la cárcel de este pueblo donde se ha tenido públicamente para ver si se conoce persona de las que paran a verlo”. No sabían la identidad de la mujer ni quien le había quitado la vida. Mandaron correos a Saltillo, Rinconada y otros pueblos avisando del macabro suceso. Ordenaron que diez miembros de la milicia cívica de Santa Catarina recorrieran todo el camino, explorando bosques y mogotes existentes entre Santa Catarina y Rinconada, acompañados con uno de los testigos que vieron un día antes a la muerta en el Charco Verde. El gobernador Joaquín García, consideró a “este crimen tan horrendo que la misma naturaleza se estremece al oírlo” y “dispuso” las averiguaciones correspondientes para ubicar al asesino lo más pronto posible. Desconozco si alguna vez dieron con el paradero de quienes arrebataron la vida a esa mujer, en un punto al que ubico posiblemente entre Santa Catarina y el Sesteo de las Aves.

martes, 9 de agosto de 2016

Otro monumento que destruyen y nos quitan

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina sin nombramiento oficial


Hoy 9 de agosto del 2016, de nueva cuenta nuestros servidores públicos cometieron el error de destruir un monumento de dos o tres piedras sobrepuestas. No tenía placas, no tenían inscripciones. Solo recordaba a una piedras que sacaron cuando estaban haciendo la colonia Infonavit Huasteca en 1976. Luego los vecinos y todos los que la vimos le otorgamos un sentido. Algo que nos unía, representaba, nos recordaba el barrio o la colonia donde vivimos o crecimos. Unión, fortaleza, origen. Qué sé yo. Los símbolos adquieren significado para lo que representa o relaciona a quien lo ve. Les dio por hacer una obra en un camellón. Quitaron árboles típicos de la región como mezquites. Unas palmas ya crecidas que al menos daban sombra. Lo peor es que tienen desde el año pasado y no la concluyen. No me quejé, para qué... A cada rato me imponen la dieta del agua y del ajo. Con el afán de modernizar, eficientizar y "servir" hacen lo que les viene en gana. Y si se equivocan, no pasa nada, vuelven a mandar; al cabo por eso son autoridades. ¿Qué harán? Una placita bonita con colores naranjas y azules. De veras que mal hacen. Y lo peor del caso es que tienen quién los aplauda y los apoye. No se vale. 

sábado, 6 de agosto de 2016

La inundación de 1933

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Un 5 de agosto de 1933, se presentaron unas intensas lluvias que desbordaron las aguas del Río Santa Catarina. Los periódicos de la época dan cuenta de al menos 2 mil damnificados en la ciudad de Monterrey. Según testimonios de algunos vecinos que vieron la tromba, La Huasteca, La Banda y La Fama sufrieron los efectos de las precipitaciones que dañaron casas y la escuela Benito Juárez que se cayó. 

lunes, 1 de agosto de 2016

El Monterrey que vio John Reese en 1846

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


John Reese llegó a Monterrey como parte del ejército ocupante de la ciudad en 1846. Sus memorias fueron publicadas en 1873 con el título de Memoirs of a Maryland volunteer. War with México, in the years 1846. “Estuve de visita en la ciudad. Como puede suponerse, mis primeros pasos los dirigí hacia la esquina en donde vi a algunos oficiales y hombres en el suelo. Parecía muy natural; las casas deshabitadas, las puertas abiertas, las paredes derrumbadas y destruidas; y todo, excepto los muertos y moribundos, el ruido ensordecedor y el tumulto de la batalla, eran tal como a mí me pareció la mañana del 21 (de septiembre de 1846)… De ahí me dirigí calle arriba, junto a la entrada del puente y examiné con cuidado la línea de defensa y sobre todo las barricadas. Aprendí una lección acerca de cómo se construyen éstas en las calles de Monterrey. No creo que se pudieran haber construido mejor o de manera más práctica. Me percaté que las calles estaban pavimentadas con rocas basálticas cuadradas, las banquetas eran largas y de losa nivelada. En muchas calles el pavimento había sido levantado por razones de defensa, en cada casa había parapetos de bolsas de arena, barricadas y baluartes en cada esquina… Visité la Catedral y me sorprendí al encontrar una iglesia grande e imponente. Su exterior e interior son dignos de una extensa visita… Trepé montaña arriba al oeste de la ciudad, hacia el edificio llamado “Obispado” o “Palacio del Obispo”. Me dirigí a la ventana desde donde había visto el primer enemigo saltar, cuando las tropas de Worth lo tomaron por asalto. La vista desde esta ventana era encantadora, la llanura y la ciudad anidada en su regazo se me venían a la cara; eran también visibles nuestro campamento y el camino por el cual entramos a la ciudad, y a mis pies podía ver el viejo fuerte grisáceo (la Ciudadela, en las actuales calles de Juárez y Tapia), del cual había sido retirado el armamento, pero guardaba la apariencia indudable de un veterano orgulloso de su proeza… Fue impresionante el número de hombres, no combatientes, que surgieron como arte de magia con el ejército de ocupación. De dónde salieron tan de repente después de la rendición, nadie podría decirlo, pero invadieron el lugar. Había tiendas americanas, alimentos americanos, bebidas americanas, tahúres americanos que desplazaron a los tenderos y gariteros mexicanos. Ellos siguen al ejército, nunca lo preceden. No pertenecen a ninguna parte.