viernes, 24 de junio de 2016

Los Molinos de Jesús María

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Ahí dónde el arroyo del Obispo se une al Río Santa Catarina, estuvo uno de los negocios más antiguos de Nuevo León. Desde 1842 don Jacinto Lozano, un prominente hombre de empresa comenzó a comprar tierras y usos de agua en la antigua hacienda del padre Guerra, para instalar en 1849 un molino de trigo al que llamaron de Jesús María. Aprovechando la fuerza de los dos torrentes que se juntan en éste lugar, se mandó construir una atarjea y los silos, además de una casa en donde vivía el propietario. El agua conducida en una atarjea, accionaba a un rodezno (molino con aspas) que al ser movido por el vital líquido comenzaba a triturar el trigo. Tras muchos problemas, el molino comenzó a dar sus servicios para Monterrey, San Pedro y Santa Catarina. Uno de los soldados norteamericanos que permaneció durante la ocupación entre 1846 y 1848, con asombro se refirió a los molinos: “Tan altos que hasta parecen que se vienen encima, tiene un acueducto o atarjea, desde donde cae a cierta altura el agua que mueve el molino, la pared blanca del mismo resalta contra un estanque de agua que invita a escabullirse”. Con el correr del tiempo, el empresario don Valentín Rivero compró el negocio y para ello construyeron una casa más grande, fortalecieron el acueducto, adecuaron los molinos y las bodegas, además de un ramal para el ferrocarril a fines del siglo XIX para vender harina en toda la región. Afortunadamente esas mejoras aún están ahí dando testimonio de lo que alguna vez fueron. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario