martes, 28 de junio de 2016

Lo que nos queda de los viejos molinos

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Los molinos congregaron a familias que formaron un pueblo, el cual pasó a formar parte del municipio de Garza García en 1882, pero quedó comunicado con San Pedro hasta 1917. Dicen que cuando Porfirio Díaz pasó por aquí en diciembre de 1898, se sorprendió al ver una monumental bandera tricolor con un águila real amarrada a la misma, situada en lo más alto de uno de los silos. Los Rivero debieron vender el molino a don Aurelio González en la década de 1940, quien acrecentó la fama de la harinera aunque ya con otro nombre. Respecto a que los molinos fueron alguna vez de Santa Catarina (en la década de 1920), Garza García y Santa Catarina cambiaron territorio y éste fue el punto limítrofe entre Santa Catarina con San Jerónimo, hasta que las autoridades decidieron modificar otra vez los límites y los molinos y La Leona regresaron a Garza García. Los antiguos molinos de Jesús María fueron testigos de muchas crecidas y venidas de agua, de la construcción del ferrocarril y de la carretera a Saltillo, de la formación de una zona industrial junto con Cerámica, Radios Tras Universal, GT Silvania, Aislantes León, La Leona, Nylon de México, ACCO y la John Deere y la construcción del Seminario de Monterrey en 1959, además de la escuela Cantú Treviño. Con los terrenos  que eran del Seminario y los del molino, hicieron la colonia Valle del Seminario. Afortunadamente aún quedan vestigios de los buenos tiempos. Alguna vez alguien se refirió a que las mejores tortillas de harina se hacían en ésta región, pues se preparaban con manteca Inca, rexal, harina Río Bravo y agua del río Santa Catarina. Ya no están esas emblemáticas fábricas, pero las tortillas aún las preparan en nuestras casas. ¿Verdad que sí? 

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