jueves, 30 de junio de 2016

A seis años de las lluvias de El Alex

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

En un hecho inusual, el primer fenómeno meteorológico que se formó en océano Atlántico y se convirtió en huracán le llamaron Alex.  Llegó hasta el Caribe, atravesó la península de Yucatán y ya en el Golfo de México siguió su rumbo hacia el Oeste. Inmediatamente las autoridades de Tamaulipas como de Texas anunciaron medidas de seguridad pues el huracán comprendía 700 kilómetros a redonda. El huracán perdió fuerza, convertido en tormenta tropical atravesó Tamaulipas hasta adentrarse en Nuevo León. Nunca antes nos habían llegado las lluvias torrenciales tan adelantadas; por lo regular ocurrían entre agosto y septiembre. Llovió por casi tres días. La Comisión Nacional del Agua anunció que los acumulados de lluvia que dejó la tormenta excedieron largamente los producidos por el huracán Gilberto en 1988, cuando sólo cayeron 280 mm en la ciudad. Las presas de La Boca, Cerro Prieto, El Cuchillo y Don Martín sobrepasaron su capacidad descargas de agua de las represas originaron un estado de alerta en Tamaulipas. Después de 22 años, como en aquella descripción del Padre Mier, “bajó un culebrón de agua” por el Río Santa Catarina. Las olas eran tan fuertes que “arrastró puentes consigo”. Los arroyos que bajan por la Sierra de la Ventana como de las Mitras agarraron tanta agua que destruyendo colonias, avenidas y calles. Esta ocasión el arroyo El Obispo fue más peligroso. Hubo más damnificados en Santa Catarina que en Anáhuac y las pérdidas fueron incontables. A seis años de las lluvias del Huracán Alex. 

martes, 28 de junio de 2016

Lo que nos queda de los viejos molinos

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Los molinos congregaron a familias que formaron un pueblo, el cual pasó a formar parte del municipio de Garza García en 1882, pero quedó comunicado con San Pedro hasta 1917. Dicen que cuando Porfirio Díaz pasó por aquí en diciembre de 1898, se sorprendió al ver una monumental bandera tricolor con un águila real amarrada a la misma, situada en lo más alto de uno de los silos. Los Rivero debieron vender el molino a don Aurelio González en la década de 1940, quien acrecentó la fama de la harinera aunque ya con otro nombre. Respecto a que los molinos fueron alguna vez de Santa Catarina (en la década de 1920), Garza García y Santa Catarina cambiaron territorio y éste fue el punto limítrofe entre Santa Catarina con San Jerónimo, hasta que las autoridades decidieron modificar otra vez los límites y los molinos y La Leona regresaron a Garza García. Los antiguos molinos de Jesús María fueron testigos de muchas crecidas y venidas de agua, de la construcción del ferrocarril y de la carretera a Saltillo, de la formación de una zona industrial junto con Cerámica, Radios Tras Universal, GT Silvania, Aislantes León, La Leona, Nylon de México, ACCO y la John Deere y la construcción del Seminario de Monterrey en 1959, además de la escuela Cantú Treviño. Con los terrenos  que eran del Seminario y los del molino, hicieron la colonia Valle del Seminario. Afortunadamente aún quedan vestigios de los buenos tiempos. Alguna vez alguien se refirió a que las mejores tortillas de harina se hacían en ésta región, pues se preparaban con manteca Inca, rexal, harina Río Bravo y agua del río Santa Catarina. Ya no están esas emblemáticas fábricas, pero las tortillas aún las preparan en nuestras casas. ¿Verdad que sí? 

lunes, 27 de junio de 2016

La arqueología industrial y el patrimonio cultural

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Durante la huelga, todo el equipo detuvo su función: el tren dejó de obstruir el paso por Díaz Ordaz, la maquinaria paró la producción, ya no hubo obreros que se dedicaran a su trabajo. Los edificios comenzaron a deteriorarse, como entes vivos dependen de la vida exterior para seguir altivos y útiles. Si no hay vida ni movimiento en su interior corren con el riesgo de desaparecer. Lo obscuro y polvoriento, guardado de los que miran y pasan, evoca el misterio de la civilización sepultada, una etapa triste y fatal. Gente que pierde su trabajo y el pesimismo se apodera de todos los involucrados, desde los dueños, directivos, sindicatos, obreros y sus familias que resienten el desempleo y la falta de un salario puntual. Los molinos como La Fama, La Leona y El Blanqueo no fueron capaces de renovarse y necesariamente ocurrió el declive de la ciudad como centro colectivo de producción. Ya no somos la capital industrial de México. Los empresarios ya no apuestan, invierten y el sentido social de la empresa pierde su significado. Pero lo que pasa con éstas industrias, más antiguas que la cervecería y la fundidora mantienen un componente de nostalgia, unida a cierta indignación moral, a la vez de beneficio para quienes se quedan con ellas y le dan otra vocación a los centros de trabajo. Aparece la arqueología industrial que nos lleva al patrimonio cultural. Al menos las autoridades y los urbanizadores decidieron conservar los cascarones. Lo interior que le dio vida se perdió en la vorágine del tiempo, en una ciudad del conocimiento que paradójicamente desconoce, reniega de sus orígenes y batallas, proclive a no sentirse orgullosa de sus raíces. 

domingo, 26 de junio de 2016

De Molinos Jesús María a colonia Valle del Seminario

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Las lluvias torrenciales y las “avenidas” de agua durante la tormenta tropical Gilberto como Alex demostraron su fuerza en éste punto. Para quienes recorríamos el trayecto hacia Monterrey nos tocó ver obreros y trenes que detenían el tránsito cada vez que salían o entraban a los molinos. Como suele suceder, los negocios ya no son rentables y se pagan solos con la compra y venta de los objetos que ahí están o el precio mismo del terreno que de pronto cambia su vocación industrial a uno de servicios y de vivienda. Hubo el proyecto de que el Instituto de Teología del Seminario de Monterrey quedara por éste rumbo, pues la casa de formación sacerdotal tenía repletos sus espacios. La decisión del entonces Arzobispo de Monterrey fue la de construirlo en un predio situado en San Mateo, en Juárez, Nuevo León. Había tantas cosas que cosas que cuidar mientras duraba el litigio hasta que de pronto aceptaron el pago derivado de las cosas que ahí estaban. Corrieron el riesgo de desaparecer, pero afortunadamente aquellos que urbanizaron los terrenos, tanto del Seminario como de los Molinos, decidieron dejar lo más antiguo, lo más valioso y significativo. Fue cuando surgió la colonia Valle del Seminario. ¿Por qué estoy tratando ésta historia? Porque alguna vez esto perteneció a Santa Catarina también y todos los que vimos el entorno lo hicimos nuestro con la vista, luego con la memoria y finalmente con los recuerdos. 

sábado, 25 de junio de 2016

La herencia de don Valentín Rivero en los molinos de Jesús María

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


A la muerte de don Jacinto Lozano, el molino de Jesús María pasó a don Bernardino García, que finalmente se lo vendió a don Valentín Rivero. Este empresario español era el principal accionista en la Fábrica de Hilados y Tejidos El Porvenir en El Cercado. A él le debemos la construcción dela casa, la ampliación de la atarjea y de los molinos en 1896, como se pueden ver en dos placas, una situada en la entrada de la casa y otra sobre uno de los arcos que se forman en uno del acueducto. Los Rivero vendieron a don Aurelio González Henry quien decidió cerrar el emblemático sitio después de una huelga. Quien dijera que dentro de una colonia residencial y privada, existen vestigios de un pasado, un proyecto industrial más antiguo que La Fama, La Leona, El Blanqueo, El Porvenir, la cervecería y otras empresas que se suponen ser el origen de la industrialización en Nuevo León. 

viernes, 24 de junio de 2016

Los Molinos de Jesús María

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Ahí dónde el arroyo del Obispo se une al Río Santa Catarina, estuvo uno de los negocios más antiguos de Nuevo León. Desde 1842 don Jacinto Lozano, un prominente hombre de empresa comenzó a comprar tierras y usos de agua en la antigua hacienda del padre Guerra, para instalar en 1849 un molino de trigo al que llamaron de Jesús María. Aprovechando la fuerza de los dos torrentes que se juntan en éste lugar, se mandó construir una atarjea y los silos, además de una casa en donde vivía el propietario. El agua conducida en una atarjea, accionaba a un rodezno (molino con aspas) que al ser movido por el vital líquido comenzaba a triturar el trigo. Tras muchos problemas, el molino comenzó a dar sus servicios para Monterrey, San Pedro y Santa Catarina. Uno de los soldados norteamericanos que permaneció durante la ocupación entre 1846 y 1848, con asombro se refirió a los molinos: “Tan altos que hasta parecen que se vienen encima, tiene un acueducto o atarjea, desde donde cae a cierta altura el agua que mueve el molino, la pared blanca del mismo resalta contra un estanque de agua que invita a escabullirse”. Con el correr del tiempo, el empresario don Valentín Rivero compró el negocio y para ello construyeron una casa más grande, fortalecieron el acueducto, adecuaron los molinos y las bodegas, además de un ramal para el ferrocarril a fines del siglo XIX para vender harina en toda la región. Afortunadamente esas mejoras aún están ahí dando testimonio de lo que alguna vez fueron. 

martes, 14 de junio de 2016

El niño de Benito Juárez que nació en Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


El 13 de junio de 1864, nació en Monterrey el sexto hijo del matrimonio de Benito Juárez García y Margarita Maza. Al bautizarlo le pusieron el nombre de José Antonio, en honor al santo patrono del día: San Antonio de Padua. Cuentan que hasta los alumnos del Seminario de Monterrey fueron testigos durante el bautizo del niño que murió al poco tiempo. 

viernes, 3 de junio de 2016

El "acta de fundación" de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Hace unos días les contaba del asalto que Huajuco y Colmillo, hicieron a la Hacienda de Santa Catarina el 31 de mayo de 1624. Todo lo que había en aquella estancia quedó destruido: se llevaron el maíz que estaba en la galera, el ganado mayor y menor, instrumentos y herramienta de trabajo. Además se perdieron las mercedes de tierras y títulos de tierra y de las certificaciones de los servicios hechos a la Corona por Lucas García. Por eso promovió un testimonio recabado por los conocidos y vecinos del Nuevo Reyno de León para que atestiguaran que la propiedad y sus servicios eran legales. En esos informes existentes en el Archivo Histórico Municipal se dan datos muy interesantes, como por ejemplo, la hacienda estaba valuada en 10 mil pesos oro y la consideraban como la mejor hacienda desde Zacatecas a éstas partes. Lucas García no alcanzó a ver las mercedes que le restituían por completo sus servicios y propiedades, pues murió en 1630. Fue hasta el 7 de mayo de 1635 cuando el gobernador del Nuevo Reyno de León, don Martín de Zavala entregó a la viuda de Lucas García, Juliana de Quintanilla la merced que amparaba a la Hacienda de Santa Catalina. Afortundamente estos documentos están en el archivo histórico municipal de Santa Catarina. Y debemos sentirnos orgullosos de tenerlo, porque hay municipios que no cuentan con sus "actas de fundación" originales, tal es el caso de Monterrey y de García. Por ejemplo, la de Cadereyta Jiménez fue extraida y luego comprada a un anticuario en los Estados Unidos. Desde entonces la guardan como el documento más importante de aquella ciudad. Tengo la impresión de que un acta de merced o de fundación, es similar a nuestra acta de nacimiento y fe de bautizo. Si no las tenemos, entonces no existimos jurídicamente. Así de sencillo.