viernes, 6 de mayo de 2016

¿Y qué pasó con el 5 de mayo?

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Con el triunfo de las tropas mexicanas en la famosa batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862, la figura de Ignacio Zaragoza alcanzó propiamente la inmortalidad. Homenajes, conmemoraciones, plazas, calles, escuelas y hasta un estado llevan su nombre. Benito Juárez dispuso la conmemoración del día cuando “las armas nacionales se han cubierto de gloria”. Aquí en Monterrey se impuso el nombre de Zaragoza tanto a la vieja calle del Seminario como a la plaza de armas en abril de 1864. Santa Catarina no se quedó atrás: la escuela municipal se llamó “Ignacio Zaragoza”, la calle 5 de Mayo y dos calles, una en Santa Catarina y la otra en La Fama. El 5 de mayo de 1862 es considerada la segunda fecha más importante en la historia de México, después del Grito de Dolores el 16 de septiembre de 1810. Por eso los compatriotas que viven en Estados Unidos hacen una gran fiesta repleta de ceremonias y hasta una reunión en la Casa Blanca en Washington D.C. Durante muchos años los cabildos y el pueblo convivían y trabajaban pues eran uno solo. En la mañana salían muy temprano con rumbo a la Loma de la Santa Cruz, hacían la conmemoración con discursos y música y en la noche hacían una kermesse en la plaza de la Constitución. Otra vez discursos, la música y el ambiente marcial, el baile, los juegos; pero sobre todo, reconocer que si los expedicionarios franceses eran en su tiempo el mejor ejército del mundo, los defensores de la Patria eran los mejores mexicanos de si tiempo. ¿Qué nos queda de aquellas celebraciones? Nada, solo el recuerdo. Durante 90 años el partido en el poder se apropió de la independencia, de la Reforma y la revolución. Los otros no tienen memoria, solo intereses particulares y beneficios personales. Estoy seguro que ni ceremonia hicieron. ¡Viva el 5 de Mayo y Zaragoza también! 

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