viernes, 22 de abril de 2016

El día de la Madre Tierra

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


El 22 de abril es el día de la Tierra y desde 1970 comenzaron las manifestaciones en los Estados Unidos exigiendo un mejor trato y cuidado  del lugar en el cual nos movemos y existimos. Entonces, por todos rumbos se realizan actividades que pretenden sensibilizar para la importancia de cuidar y proteger nuestro entorno, por la creciente preocupación respecto al daño que le hacemos al medio ambiente. Debemos considerar a la Tierra como madre y que nosotros le pertenecemos a ella y no al revés. De ahí que es urgente evitar su destrucción sistemática que provoca cambios climáticos, calentamientos o enfriamientos globales o movimientos de mar y de Tierra que dejan secuelas de muerte y dolor. Para los huicholes, en ésta tierra nuestra descansan las fuerzas vitales que crearon al mundo. Para los ancestros originarios nuestras montañas eran sagradas en donde confluían los elementos. Ciertamente de la montaña vienen el viento, el Sol y el agua. Para quienes las miran y recorren son mágicas, son únicas. Hoy en día toda la zona protegida del Parque Nacional Cumbres de Monterrey está afectada por desmontes y la terca decisión de construir colonias y edificios en donde no se debe. La sierra de las Mitras ya sufre la pérdida del 15% de su extensión. Continuamente vemos y sentimos la mala calidad del aire y la poca aplicación de la política ambiental para corregir los problemas. A nuestra creadora del agua, la tienen sometida y capturada por intereses de unos cuantos. “Levántate y mira la montaña, de donde viene, el viento, el Sol y el agua…” 

jueves, 21 de abril de 2016

El Club El Bosque, campo turista de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


El “Club El Bosque, campo turista” fue muy conocido durante muchos años. De veras sus terrenos parecían un bosque. Huertas repletas de árboles tan característicos de la región que se regaban con el agua de la acequia. ¿A quién pertenecieron tanto los terrenos como el club? No lo sé, dicen que a una familia Dondé. De pronto ya no lo usaron como recreativo turístico, el agua ya no regó los campos del Molino, los Arredondo, Los Treviño y El Lechugal. Solo quedaron las arboledas como mudo testigo de aquella vida bucólica que alguna tuvimos en Santa Catarina. Las instalaciones ya no sirvieron como club de recreo y del hospedaje para el turismo local y extranjero. La alberca seguía, pero sin la afluencia de la gente, el restaurante dejó de ofrecer comidas, el salón de actos lo cerraron, terrenos donde bien se podía practicar el tiro al blanco o algún otro deporte estaban abandonados. Las instalaciones se hicieron un motel de paso, con habitaciones en donde colocaron espejos. Yo fui testigo de muchos funcionarios que presumieron conocer el sitio, sin percatarse de que incomodaban al alcalde, su primera dama y las voluntarias que llegaron a servir y a dar atención a los adultos mayores, como enfermos y niños. El motel se hizo la sede de las oficinas del Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Municipal que por cierto, honra la memoria del Dr. José Páez García; la casa grande biblioteca, el salón fue usado como oficinas de la policía judicial, luego centro cultural y ahora guardería.  Muchos de los edificios originales fueron borrados o modificados. Lo que sucede por no conocer ni sentir nuestra historia y cultura… 

miércoles, 20 de abril de 2016

El Centro Recreativo y Turístico El Bosque

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Siendo gobernador interino del Estado don José Benítez Martínez, se hicieron obras de infraestructura que beneficiaron el turismo nacional como extranjero. En 1928 declararon que Monterrey sería la “Meca del Turismo en México”. Se hicieron muchas carreteras como la Nacional en el tramo correspondiente de Linares a La Gloria, pasando el río Salado. También se hizo el tramo correspondiente de la carretera interoceánica Matamoros-Mazatlán que comunicó de Reynosa con Monterrey y Saltillo. Entonces el viejo camino real de los Saltilleros o la calle de Monterrey, se convirtió en tramo de la carretera Monterrey-Saltillo. Fue cuando muchos municipios de Nuevo León se beneficiaron como Sabinas Hidalgo, San Nicolás de los Garza, Monterrey, Santiago, Allende, Montemorelos, General Terán, Linares y por el rumbo Chipinque, La Huasteca y Las Grutas de García. Se pidieron a los municipios que hicieran balnearios, comedores, restaurantes y centros recreativos para recibir adecuadamente a los viajeros, preferentemente de origen norteamericano y de la capital misma de Nuevo León. Fue cuando don Leocadio Páez puso el Merendero San Ángel en donde ahora está el cruce de las calles Manuel Ordóñez y Leocadio Páez. Decían que tenía tantos árboles que no se podía ver el Sol. El otro se llamó El Bosque. Contaba con buen restaurante, un buen salón en donde se hicieron fiestas y reuniones, renta de habitaciones, una zona arboleda con nogales y aguacatales, la acequia, campos de juego, de tiro al blanco y una piscina. Con el trascurso del tiempo, el Bosque se convirtió en motel, centro de citas y entrevistas de amores prohibidos, hasta que Juan Francisco Caballero pidió que lo trasladaran allá por el rumbo del entronque de la carretera Monterrey-Saltillo en 1984. Lo habilitaron para convertirlo en sede del DIF municipal y gradualmente le quitaron muchos elementos y cosas que nos hablaban de cuando El Bosque, era uno de los principales sitios turísticos de Nuevo León y sede de fiestas y reuniones de Santa Catarina. 

miércoles, 13 de abril de 2016

La casa de la higuera

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Santa Catarina nunca tuvo casas de dos niveles o de dos pisos como les dicen ahora. Tenemos una en La Fama de fines del siglo XIX y la más antigua en la cabecera municipal, comenzó a construirse más o menos en la década de 1950. Está situada en la esquina de Morazán y Colón y perteneció a don José Elizondo. Sobresale un detalle sobre su fachada principal, tiene un árbol con hojas que parecen ser de higuera. Para los estudiosos de nuestros orígenes sefarditas, seguramente estos son indicios de la manifestación de nuestras raíces cripto judías. Tiempos en que los patios y traspatios estaban repletos de granados, higueras y limones. El granado representa la unidad familiar, la higuera la sabiduría y el limón la resignación. Originalmente la calle Morazán se llamó Cuauhtémoc, pero le cambiaron el nombre de Morazán allá por 1945, cuando a nuestras autoridades les dio por diseñar una avenida o calzada que comunicara al viejo edificio donde instalaron el museo latinoamericano y el monumento al general Francisco Morazán. Sueños truncados que nunca se realizaron. Pero sí sobresalen en ese tramo que comprende unas cuatro cuadras, el colegio mexicano (ahora con otro nombre), unos corrales con granes cuarterones de sillar, el salón de la CTM varonil y ésta construcción que ha cambiado de dueños. Barrio repleto de leyendas y fantasías, como la de que una vez se apareció el mismísimo demonio a unos transeúntes o la del niño que veían muy temprano jugando por el rumbo. Por aquí pasaba un arroyo que con buenas lluvias inundaba las calles, por eso si se fijan bien, las banquetas tienen una barda. Les dejo ésta fotografía para que vean la higuera hecha en relieve. Ah, y ahora tenemos casas de dos pisos por doquier. 

lunes, 11 de abril de 2016

La influencia de las redes sociales para promover nuestra historia

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Siguiendo el modelo de una página llamada MÉXICO DEL RECUERDO, de lo que hacen los hermanos cronistas de Venezuela y algunas referencias del Cronista de Río Bravo, Tamaulipas, me hizo pensar en una página que llamé Crónica e historia de Santa Catarina, a la cual tienen acceso unos 13,500 lectores. De ahí vinieron el resto. Luego decidí abrir otra en diciembre del año pasado, a la que llamé Identidad y memoria de Santa Catarina. El día de hoy publicaron ésta nota acerca de las páginas. Olvidaron a una que se llama NOSTALGIA MONTERREY, REGIOS DE A MADRE. Publicar una foto diaria de Monterrey, gracias a la colaboración de muchos es loable y significativa. Pero publicar al menos una fotografía con su texto solamente de Santa Catarina y a veces de otros rumbos, vaya que si resulta complicado; en especial cuando no se tienen los apoyos oficiales o de agrupaciones. Y ya llevo unas mil. En lo que a mi respecta, entonces ¿cual es es la ganancia de todo ésto? Saber que estoy aportando un grano de arena en medio del desierto. Y lo estoy haciendo más grande, pero distinto. No hay nada mejor que saber que estoy cumpliendo con el deber y la responsabilidad de quienes no aprecian nuestra labor y de quienes, recibiendo un salario, no lo desquitan. Aunque los de EL NORTE no incluyeron mis páginas, que ¡Viva Santa Catarina!. A todos Ustedes: ¡Muchas Gracias! 

Las boticas de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina  

Hubo dos boticas por la calle Zaragoza, una perteneciente a don Jerónimo Martínez Ayala, quien por cierto era hermano de don Serapio. Esta se llamaba “Botica Guadalupana” ubicada en Zaragoza 102 sur. Tal vez la más surtida y la primera en vender medicinas de patente. Amplia con estantes a los lados. Cada vez que se requería de alguna inyección, ahí mismo la aplicaba una señora de nombre Carolina o si se tenía necesidad acudía hasta las casas para poner las inyecciones. Allá por Zaragoza casi esquina con Colegio de Niñas estaba una señorita llamada Tere que también inyectaba. ¡Ah que gratos recuerdos tengo de ambas! Les tenía miedo, pero hay que agradecerles el oficio que ejercieron en la comunidad indudablemente. En la esquina de Manuel Ordóñez y Zaragoza estaba la otra botica, atendida por don Manuel Martínez Padilla, hijo de don Serapio y hermano de don Horacio Martínez, a quien recuerdo vagamente preparando las medicinas ahí en dicho local. La botica Guadalupana se convirtió en farmacia y luego se llamó “La Cadena”. Luego el local lo rentaron para billares hasta que  lo dejaron deshabitado y recientemente fue adquirido para establecer un estacionamiento de un instituto de estudios profesionales. La casona de la esquina ahí está, se yergue altiva dando testimonio de la historia del pueblo. Hoy en día vemos farmacias situadas en muchos puntos, algunas de cadenas importantes, otras de similares y genéricos. Lo raro es que casi no se ven médicos que ofrecen consultas familiares y hasta se batalla para localizar quien aplica inyecciones. 

domingo, 10 de abril de 2016

La casa y el templo parroquial en 1903

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Ya para cerrar el ciclo de las fotos con los niños, aquí los tenemos en primer plano: las dos niñas en postura menos rígida, con el niño vestido con su pantalón corto y de tirantes. A la izquierda la plaza de la Constitución y a la derecha la casa y el templo parroquial de Santa Catarina; tal y como lo conoció el benemérito Benito Juárez durante su estancia en febrero, abril y agosto de 1864. Al fondo las casas que pertenecieron a don Pudenciano Arizpe Guerra y las Mitras más... allá. Sobresalen los llamados “lloraderos” o bajantes pluviales que impedían que el agua de las lluvias se quedara en los techos. Estos desagües pluviales fueron usados hace mucho tiempo en Arabia, luego a España y a México. En árabe le llaman “Kaduz” y servían son para capturar agua de lluvia en los aljibes. La plaza fue remodelada en 1943, 1977 y 1990. El tramo de la calle situado entre el templo y la plaza se unió a ésta en 1996. La fachada de la casa donde durmió Benito Juárez, fue totalmente cambiada en 1959 y la esquina de Hidalgo con Manuel Ordóñez a cada rato la cambian, pintan y ponen elementos que rompen con el pasado y la tradición. Pero sobre, tienen la costumbre de estacionar vehículos en una zona peatonal, que nos impiden apreciar en pleno monumento histórico a Juárez y en diciembre les da por poner un pino que definitivamente no va en el sitio. A mí personalmente no me gusta y creo que deben procurar el cuidado del centro histórico de Santa Catarina. Este que tiene poco más de dos siglos de permanecer como testigos de nuestra historia. 

sábado, 9 de abril de 2016

El pasado que soñé

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


¿Recuerdan la foto de ayer? Quiero suponer que la presente imagen está relacionada con la que ya se publicó. Esta fotografía la obtuve en una revista de principios de siglo XX, que estaba en el archivo histórico de Santa Catarina; bueno, al menos eso espero. Están las dos niñas que miran a la lente como una apacibilidad que raya en formas espectrales, casi fantasmales. El niño de pantalón corto y uno más al fondo. Me da la impresión de que era la entrada a Santa Catarina. Se aprecian su suelo empedrado en cuesta abajo, las nogaleras y aguacatales al fondo. Una casa a la derecha y unas tapias de adobe a la izquierda. Dicen que el pasado es un país extranjero, en donde ocurren las cosas de una manera diferente. ¿Para qué sirve la historia en estos tiempos aciagos? La historia es un espejo del ser humano, en el que se refleja su presente y su futuro, su pasado, sus triunfos y potencialidades. La historia es un conocimiento de las continuaciones. Aunque las cosas son fatigosas y complicadas, el ser humano puede expresarlas, soñarlas y sentirlas. ¿Es válido decir: mira, esto es nuevo? No, ya existía en los siglos que nos precedieron y en los tiempos que se fueron… “Lo que fue eso será, lo que ya se hizo es lo que hará. Por eso dicen que no hay nada nuevo bajo el Sol”. Ec 1, 9 

viernes, 8 de abril de 2016

La calle a Monterrey y el camino real de los saltilleros

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Dicen que una imagen vale mil palabras y esta fotografía es inapreciable. Una escena detenida en el tiempo que nos habla de un pueblo apacible, bucólico y sin tantas alteraciones. Da la impresión de que a todos los que estaban por la vieja plaza, los convocaron para una fotografía. ¿Y qué era para ellos? Quien sabe, posiblemente movidos por la curiosidad fueron y posaron sobre la caja mágica con una lente. Unos niñas en primer plano, luego unos niños que llevaron a un blanco corcel, más allá se pueden ver otros cual si fueran fantasmas. En lugar de pavimento un empedrado; en lugar de bruma, arboledas que protegían a la acequia. Ahí se ve nuestro templo parroquial y las Mitras más allá. La plaza limpia, sin puestos ni peatones ni tránsito. Lo mejor, una serie de casas entre las actuales calles de Hidalgo y Manuel Ordóñez sin vehículos estacionados. A partir de 1844 ésta vía se convirtió en el eje principal de la traza urbana. Llamada “camino real de los Saltilleros”, luego de Monterrey, Manuel Ordóñez, Fidel Velázquez entre 1981 y 1988, otra vez de Manuel Ordóñez. Le decía a la señora que hizo la generosa aportación, que es una imagen soñada, de aquellas que solo permanece en nuestra imaginación. No se puede decir en el recuerdo pues no nos tocó vivir esa época. Pero ahí está, se hizo realidad y se comparte como una forma de decirnos: ¿Qué hicimos o dejamos de hacer para que otros dañaran nuestro entorno? Los defensores dirán: es el progreso y el cambio. Prefiero no cambiar y que se pongan a cuidar lo que otros nos dejaron. 

viernes, 1 de abril de 2016

La gasolinera de don Julián Ayala

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Regularmente hoy en día tenemos una gasolinera junto a una tienda de conveniencia. No puedo decirles que abundan por todo el sector poniente de la zona metropolitana en la que nos movemos y existimos; vivimos y padecemos las adversidades del crecimiento urbano desmedido y sin planeación. Pero ya contamos con más negocios en donde se puede comprar gasolina. En lo que nos toca, cuando se abrió la carretera a Saltillo se instalaron dos negocios situados precisamente por la vieja carretera a la que dieron por nombre de Manuel Ordóñez. Una estaba situada en la esquina de Hidalgo y la otra en la esquina de Colón. La primera perteneció a don Alfredo Páez y que luego trasladó a la entrada de La Fama, llamada "San Ángel". La segunda perteneció a don Julián Ayala Téllez y que luego pasó a sus hijos. Este negocio tenía la fachada que vemos en la imagen, luego la modificaron para dar espacio a los vehículos; hasta que debieron cambiarla en la década de 1970 allá en Los Arredondo, frente a la entrada a la colonia Aurora. Una imagen curiosa, extraña. ¡Qúién dijera que ahora venden relojes y materiales diversos en ese punto! Lo cierto es que las gasolineras de antaño, ofrecían servicios de toda índole para aliviar las necesidades de los viajeros y turistas, como de los vecinos de los alrededores; desde abarrotes, servicios de engrasado, desde bebidas y comidas hasta la repación de un auto o camión. Hoy quiero recordar a Julián Ayala García y tal vez a un despachador que ojalá labore en esa gasolinera, al Güero que siempre regala dulces a sus clientes.