sábado, 31 de octubre de 2015

La fiesta de los difuntos

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


En nuestro calendario se fijan dos fechas para la conmemoración de los santos difuntos. Una corresponde al 1 de noviembre, cuando se recuerda a los santos y a los mártires de la Iglesia. La otra fecha es la del 2 de noviembre, día señalado para recordar a todos los fieles difuntos. En la primera fiesta se recuerda a los niños y a las señoritas porque se les considera ángeles. El día 2 es para los adultos que ya pasaron a mejor vida. La ceremonia por los fieles difuntos es vivida por el pueblo mexicano en un ambiente donde predomina la dualidad de la tristeza y de la alegría. En esos días aflora el culto por la muerte, que se observa ya sea mediante la visita a los cementerios, las intenciones en las misas de los templos y en algunas fachadas donde se venden arreglos de flores artificiales conocidos como coronas. Se limpian y arreglan las tumbas o monumentos mortuorios de los cementerios. Muchas familias compran flores y coronas de papel multicolor encerado, las cuales vemos en mercados y restaurantes populares. En los rincones de los hogares se instalan veladoras que recuerdan el número de deudos que cada familia tiene. Luego visitamos a quienes esperan la resurrección de los Muertos, les dejamos sus ofrendas florales en las lápidas, en los túmulos o al pie de las cruces. Mientras que los panteones se ponen repletos de vendedores que anuncian mercancías diversas, como cañas de azúcar, tacos, camotes y elotes. Abundan jovencitos que ofrecen sus servicios para limpiar y blanquear las tumbas. Tenemos una concepción muy familiar con la muerte y la concretizamos en la elaboración de golosinas con figuras en forma de calaveras. Utilizamos su imagen para hacer juguetes que danzan con tan solo mover algunos hilos o comemos pan con figuras óseas espolvoreadas con azúcar. 

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