miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Y después del Grito? El desfile

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

¿Y después del Grito? El desfile alusivo a la independencia. Aunque a decir verdad éste suplió al llamado Grito de Dolores, pues el padre Hidalgo lo hizo un 16 de septiembre, muy de madrugada y antes de la Misa de Gallo. Apenas un día antes habían festejado a la patrona del lugar, la Virgen de los Dolores. Cuentan los historiadores al margen de la oficialidad, que Antonio López de Santa Anna hacía una gran fiesta para conmemorar el natalicio de su señora esposa, doña Dolores Tosta Gómez. O que don Porfirio comenzaba su cumpleaños el día 15 y le seguía el 16. Desde el siglo antepasado unimos dos tradiciones entre el anochecer y la mañana: el grito que se hace antes de la media noche y el desfile que se recorre por la mañana. Por la víspera, ocasión propicia para vestir de china poblana, ponerse el traje o al menos el sombrero charro. Cantar, celebrar y recordar la mexicanidad que solo expresamos en éste día. Bebemos y comemos, nos alegramos y luego le seguimos. El grito se convirtió en un gran baile público con espectáculos y grupos musicales. Gradualmente las campanadas y los juegos pirotécnicos cedieron ante aquellos. El himno ni se lo saben o se les olvida cantar. Luego la gran cena con alimentos condimentados y lustrosos tricolores que nos remiten a las tres garantías. Para rematar el desfile, con el cabildo y las autoridades al frente, con banda de guerra anunciando el recorrido. Después las fuerzas vivas del pueblo y las escuelas. Hoy les dejan la libertad de participación, pues alegan que como apenas entraron a clase no tienen tiempo para marchar como Dios manda en el desfile. La marcialidad, la elegancia y la originalidad fueron compactándose cada vez más. Quién sabe si los miembros del cabildo vayan, pues a lo mejor quedaron muy cansados después de dar el Grito, una expresión de lo que fuimos, somos y queremos ser. Libres, independientes de todos los problemas y situaciones que impiden un adecuado crecimiento económico y desarrollo social. Si no lo tenemos, entonces como que la celebración pierde su sentido original.  

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