jueves, 3 de septiembre de 2015

El acueducto que destruyeron (4)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


La fábrica de textiles cedió ante la modernidad en 1950. Ya no se requerían turbinas movidas por agua o por vapor. Los viejos objetos quedaron como testigos silenciosos de los cambios por venir. Lo peor del caso es que ya ni siquiera pasaba el agua por el acueducto. Gracias a los servicios de agua y drenaje, la entubaron evitando que la gente la acarreara en tinas. Quedó el monumento que hablaba de glorias pretéritas. De pronto a unos les estorbaba, otros la usaban para depositar basura, para subirse en ella y hacer lo mismo travesuras que maldades. Otros vieron la posibilidad de ampliar sus propiedades si acaso la destruían. La calle demandaba el espacio y decidieron abrirlas en un lugar que siempre ha batallado por tenerlas. El problema es que sacrificaron al símbolo que hablaba de la grandeza del pasado, del trabajo y de la vida que congregó a un pueblo que se hizo con familias de otros lados. En una de las plazas hicieron el salón de actos de la Sección 49 del sindicato textil y la atarjea dañaba la fachada. Otros argumentaron que los camiones de pasajeros y de cargas batallaban para pasar por sus arcos. O adecuaban la calle de Juárez o quitaban la atarjea. Es mejor quitar cosas pues la memoria y la identidad no importan. El alcalde Clemente Sánchez dudó y el gobernador Eduardo A. Elizondo le dio el apoyo y los arcos de la atarjea con casi 120 años debieron sacrificarse en beneficio de la comunidad que ahora siente la nostalgia por el tramo perdido del acueducto en 1969. ¡Y qué podía hacer la gente si no se puede combatir el poder temporal de quienes nos gobiernan! Y si se equivocan, pues vuelven a mandar. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario