jueves, 20 de agosto de 2015

De Chubascos y tormentas en Monterrey

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


En algún tiempo tenían proyectado instalar equipo especial, para ejecutar un sistema de luz y sonido en todo el cañón de Santa Catarina. Esto daría un atractivo turístico único y especial al municipio. Precisamente en septiembre de 1990 instalaron lámparas y grandes bocinas cuando de pronto llegaron los ventarrones y los tiraron. Quienes estábamos presentes fuimos testigos del mejor espectáculo de luz y sonido en la Boca del Potrero de Santa Catarina: los rayos iluminaron las montañas y los truenos dejaron un estruendo que impresionó a más de uno. Entonces se le acercó Chuy Esparza a la señora Tere García de Sepúlveda y le dijo: “para qué quieres un espectáculo de luz y sonido si esto lo tienes en forma natural y además gratis”. Ya no se habló más del asunto. Lo cierto es que cuando hace más calor en éstos lares, el ambiente es propicio para que caiga granizo y/ o se formen tormentas y chubascos. En 1839 el escritor Manuel Payno escribió que “El clima de Monterrey es extremoso y en tiempo de otoño el calor es más sofocante que en la costa, habiendo además la circunstancia de que caen fuertes chubascos, acompañados por multitud de rayos”. Es más, la letra de una canción muy tocada en Nuevo León se llama “El Chubasco”, cuyo estribillo dice: “Como a las once se embarca Lupita, se va a embarcar en un buque de vapor y yo quisiera formarle un chubasco y detenerle su navegación”. La música es de dominio popular y hay una versión similar en Zacatecas. Cuenta la tradición que la letra de dicha canción se compuso en General Zuazua y que el finadito don Margarito Villarreal, la cantaba obligatoriamente en toda fiesta de la antigua hacienda de Santa Elena y en todo el Valle del Carrizal. Pero también en Los Ramones le compiten su origen, pues se dice que “El Chubasco” es del antiguo rancho de San José del Capadero, cuna de muchos conjuntos del llamado auge grupero de Nuevo León. Y ayer tuvimos un chubasco en la zona metropolitana que dejó avenidas inundadas, apagones y muchos accidentes, pero fuimos testigos de un espectáculo que la naturaleza nos da sin modos artificiales y al menos moderó los calorones de la Canícula. 

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