martes, 4 de agosto de 2015

"Agua que no has de beber…”

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Para el alcalde de 1878 el agua que teníamos en Santa Catarina no era de buena calidad para el consumo humano. En consecuencia informaba que “los primitivos fundadores de Santa Catarina guiándose únicamente por la proximidad a el agua sin atender al porvenir, se situaron al lado arriba o poniente de la acequia más alta que corre de sur a norte, la población que comprende una extensión de más de media legua, como se ha dicho al lado de arriba de la mencionada acequia, de donde hace todos sus usos y más arriba de la población se tiran todos los animales muertos, algunos de ellos envenenados y cuantas inmundicias conviene arrojar fuera de la población”. Por eso buscaban fuentes alternativas, como los manantiales cercanos al Cerro de La Ventana, las Mitras y La Huasteca-La Banda. Pero la vieja acequia llevaba el agua a los campos de cultivo y hasta los temporales. Y eso propiciaba la vida animal como vegetal. Según los informes de la época, tenía infinidad de árboles en ambos bordes donde crecían todo tipo de plantas, "inclusive algunas de ellas venenosas. Aunque la limpiaban seguido y le quitan muchas raíces y camotes de lampazos, crecen pronto y tocan el agua, ocasionando su suciedad. Los animales bebían y hacían sus necesidades, se bañaban todo tipo de personas, algunas de ellas enfermas que venían de Monterrey y ocasionaban enfermedades graves para la población", por eso se quejaban de que no tenían agua para el consumo humano. Habían intentado hacer norias y pozos; pero el abasto era poco ante la necesidad creciente del vecindario. Decidieron traer el agua de un manantial conocido como El Alamar, atrás de la boca del Potrero de Santa Catarina. Construirían una presa en la Hacienda de Buentellos y de ahí trasladarla en acequias hasta el panteón municipal. 

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