sábado, 25 de julio de 2015

La vida azarosa de Agapito Treviño (3)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

En 1851 capturan a Caballo Blanco y lo obligaron a trabajar en el río Santa Catarina. Al poco tiempo escapó y se fue a Roma, Texas. El retrato hablado de éste folklórico personaje lo hace alto, delgado, moreno, barbilampiño y de ojos obscuros. En 1853 lo apresaron y fue sentenciado a trabajos en la construcción del antiguo palacio municipal de Monterrey. Para ello debían cortar bloques de sillar de un yacimiento situado en la Boquilla de la Loma Larga, propiedad de un norteamericano llamado Jorge Washington y de quien se cree, la calle regiomontana debe su nombre en su honor. A principios de mayo de 1854 el doctor Gonzalitos atendió un herido llamado Juan José García, originario de la Pesquería Grande, hijo de don Telésforo García, quien fue asaltado por “Caballo Blanco” en el camino que viene hacia Monterrey. Para ello hizo un dictamen ordenado por el fiscal para iniciar el juicio en contra de Agapito quien se había escapado de la cárcel municipal. Juan José había sufrido una herida de bala y la fractura del antebrazo derecho, con rotura de ambos huesos. Cuando Agapito fue sometido, alegó en el juicio que lo "hizo sólo impelido por la imperiosa necesidad". Para concluir con su conducta delictiva, fue fusilado el 24 de julio de 1854 en la antigua Plaza del Mercado, hoy Hidalgo. Fue sepultado en el campo santo anexo a la catedral de Monterrey. El padre José María Nuín le dió sepultura “con entierro y fábrica de limosna á Agapito Treviño, soltero, quien murió ajusticiado, a los 26 años de edad”. Antes de morir recibió los santos sacramentos. Así terminó la vida de tan novelesco personaje, tan afamado y conocido por los regiomontanos gracias a una leyenda trasmitida de generación en generación. Durante su ejecución circularon una décimas que decían: “Adiós amigos amados; adiós patria, adiós parientes; adiós señores presentes, adiós vecinos honrados, adiós montes retirados, donde era mi habitación, ya salí de la prisión y también de la capilla, adiós Cerro de la Silla, adiós, adiós Nuevo León”

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