miércoles, 1 de julio de 2015

A cinco años de las lluvias torrenciales del Alex

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

En el 2009 escribí un artículo sobre el centenario de la tristemente célebre inundación de agosto y septiembre de 1909, en la cual fallecieron cerca de 4 mil 500 personas. Entonces hicimos el recuento de las inundaciones que han marcado la vida de Monterrey a lo largo de su historia: 1604, 1612, 1710, 1756, 1765, (no tengo referencias de fines del siglo XVIII y XIX)1881, 1909, 1910, 1933, 1938, 1967, 1974, 1988 y 2005. Ahí advertía de los riesgos a los que estamos expuesto en... periodos que van de los 20 a los 30 años. Lo peor de la situación es que al año siguiente (2010) ocurrió una inundación en pleno verano por unas lluvias consideradas atípicas que duraron casi tres días. A partir de ahí el ciclo quedó roto, basta con que llueva tres o cuatro horas seguidas para ver que las avenidas y calles se convierten en ríos y arroyos. No quiero imaginarme que sucedería si ocurriera una tromba como la que describe fray Servando Teresa de Mier en 1797, al referirse que en 1757 tuvimos una "especie de diluvio, que llovió cuarenta días, un culebrón de agua caído de los Andes que allá llaman Sierra Madre, desembocó por Santa Catarina con inmensa furia". No hemos aprendido a convivir y a respetar al gran río de nuestros ancestros. El que hizo posible el establecimiento de los grupos indígenas y luego de los pobladores de origen ibérico. El que propició la agricultura y la ganadería y luego la formación de las primeras fábricas en La Fama, los molinos de Jesús María y La Leona. Y que además nos brinda el servicio de agua de potable para tres municipios de la zona metropolitana. Éstas imágenes del río allá en 1909, parece que se repiten incesantemente y nosotros seguimos dañando las montañas y los ecosistemas que hay en ellas. Luego parece que la naturaleza nos cobra la factura y debemos reconstruir a Monterrey, una ciudad hecha para cada 20 o 30 años. 

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