jueves, 11 de junio de 2015

Una tumba, un angelito y tres niños

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

Las tumbas y mausoleos de un panteón son también monumentos de la ciudad. Un monumento funerario es un libro abierto del cual podemos aprender muchas cosas: desde arte, del material de construcción, formas de las esculturas e imágenes; las lápidas nos brindan información familiar y con ella enlazamos y construimos relaciones familiares. A veces no se pueden ubicar el destino de quienes las construyeron.  En éste monumento destaca  una pequeña tumba de concreto y granito en la que sobresale un angelito en estado vigilante. Con el pie derecho y una de unas manitas que nos indican que aquí están enterrados los niños Macedonio Quintanilla Ayala fallecido en 1914, Filiberto Quintanilla Ayala fallecido en 1918 y Trinidad Quintanilla Ayala fallecido en 1916. Es todo lo que se nos informa. No sabemos los nombres de sus padres quienes se preocuparon por darles un espacio acorde a su dignidad. Tal vez hemos pasado por ahí y no nos detenemos a verlos. Una tumba que resalta pues está a la vera del camino y tiene un angelito que representa a tres niños que murieron hace cien años en Santa Catarina. Al parecer ni siquiera recibe ofrendas florales. Si las tumbas hablaran y quienes están ahí tuvieran palabras. Paradójicamente sí lo hacen y las tienen. Solo hace falta escucharlos, detenernos y al menos brindar una oración por el descanso eterno de tres criaturas que ahora velan desde el cielo por quienes estamos aún aquí, “gimiendo y llorando en éste valle de lágrimas”. 

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