jueves, 25 de junio de 2015

La leyenda de Panchote

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Más allá de Loma Alta, por el rumbo del rancho de los Hernández situado en el cañón de las Escaleras, había un singular personaje llamado Francisco Hernández. Conocía palmo a palmo los cañones y veredas de la sierra. Sabía en donde estaban las cuevas que alguna vez habitaron los indígenas y en las que supuestamente ocultaron tesoros inimaginables. En una ocasión explorando una caverna se cayó y fue a dar a un sitio en donde había huesos muy grandes como para ser de personas. Dicen quienes lo conocieron que sabía arreglar relojes y reparar armas por puro instinto. Robusto, fuerte y muy alto, pero con alma de niño y que por eso le llamaban “Panchote”. Una vez enfermó y no sabían de qué.  Entonces acudió con una curandera que le dijo que era un mal puesto por una pariente de nombre María de Jesús Velázquez. Encorajinado creyó en eso y fue hasta su casa para encontrar a quien le estaba provocando el daño. Pensó en regresarle los daños que sufría, y cuando la tuvo en frente, un hijo de la señora llamado Simón se atravesó para protegerla y evitar le hicieran un mal a su mamá. “Panchote” no entendía razones e hirió tanto a la madre como al hijo y a una tía  que habitaba con ellos. Ambas fueron al hospital universitario de Monterrey en donde las salvaron, pero “Panchote” fue a dar a la cárcel. Cuando el entonces gobernador de Nuevo León don Arturo B. de la Garza (1943-1949) supo de las habilidades del “Panchote” pidió que le dieran un trato preferencial, a cambio de que lo dejaran salir del penal por las noches para exterminar a todos los maleantes que andaban molestando por los pueblos de Nuevo León. “Panchote” era temido y respetado y por fin cumplió su condena. Cuando salió de la cárcel regresó a su tierra y a sus montañas. Ahí se quedó hasta que Dios Padre lo recogió. 


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