martes, 9 de junio de 2015

Entre la soledad y el destierro: la Gringa y La Fama

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


El 9 de junio de 1926, la señora Virginia Law Wilkinson llegó a La Fama procedente de los Estados Unidos. Cruzó por Brownsville, Texas y de ahí a Matamoros en donde tomó el tren que la trajo a su nueva tierra. Era hija de don Roberto Law, aquel irlandés que promovió la apertura de la fábrica de hilados y tejidos de La Leona en 1874. Viuda y sin hijos, tomó posesión de un solar situado en la esquina de la calle Hidalgo y Bravo. Como suele suceder, su alcurnia y elegancia pronto la hicieron punto de curiosidad entre los habitantes del pueblo. Su soledad y sobriedad la cambiaban por su pasión y gusto por la fiesta brava. Deambulaba por toda su casa, cuidaba las flores y plantas de su jardín y se entretenía vigilando los árboles de la huerta repleta de aguacatales, granados, limoneros, higueras y naranjos. Cuidaba con esmero sus hortalizas y de vez en cuando sociabilizaba con la gente del lugar quienes la conocían como la “Gringa”, pues venía de algún lugar de los Estados Unidos, por ser güera y de ojos claros. En torno a ella se tejieron historias y leyendas como la de ser muy rica, que daba buenas propinas a quienes le ayudaban a hacer los mandados, que habitaba una casona en la cual asustaban. Lo cierto es que en esa casa que afortunadamente aún está en pie, fue construida en la segunda mitad del siglo XIX y en ella habitaron los ingenieros y técnicos extranjeros que hicieron famosa a la fábrica de hilados y tejidos de La Fama. La “Gringa” murió en la década de 1960 y todo el solar fue repartido entre nuevos dueños . Desde 1973 la casa grande es habitada por la familia de don Tomás Herrera y Julieta Reyes. 

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