viernes, 26 de junio de 2015

De tesoros y relaciones (1)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Es raro y hasta cierto punto paradójico, que durante mucho tiempo a las personas les diera por ocultar sus objetos valiosos. Obviamente en tiempos donde no había bancos y la propiedad de terrenos no era muy lucrativa. Los terrenos fuera de la población le correspondían al municipio o a un fondo comunal. De pronto llegaban gavillas de bandoleros o de los indios bárbaros y tenían que resguardar el patrimonio familiar en algún lugar habilitado para ello. Por ejemplo, he visto travesaños en las puertas o ventanas con orificios en donde perfectamente cabían monedas de regular tamaño. Otro sitio predilecto era en los fogones de las cocinas, en los muros gruesos de las casas o los enterraban en donde Dios les daba a entender. Debajo de un árbol, cerca de una piedra o en la oquedad de una noria. Luego hacían planos conocidos como derroteros en donde dejaban las instrucciones precisas para ubicar el tesoro oculto. Las generaciones pasaban y se olvidada el sitio en donde dejaban los lingotes, monedas, joyas y demás objetos de valor. Con el correr del tiempo, se hacían obras de construcción o de mantenimiento. Por ejemplo, en 1966 estaban haciendo trabajos de pavimentación en el cruce de Manuel Ordóñez y Privada Reforma en pleno centro de Santa Catarina.  Ahí en el barrio donde vivía Blanco y don Memo Guerra exactamente en frente de la primaria, de pronto se armó un alboroto cuando la motoconformadora dio con una relación. Los trabajadores aprovecharon la ocasión, se quitaron los pantalones y en ellos echaron unas monedas al parecer de oro. Luego huyeron despavoridos y nunca más se supo de ellos, dejando la maquinaria en el lugar. 

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