domingo, 28 de junio de 2015

De tesoros y relaciones (3)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

El techo y el muro oriente del templo parroquial de Santa Catarina, se cayeron en la madrugada del 18 de julio de 1984. En consecuencia toda la zona fue acordonada pues temían que los muros restantes y el campanario se colapsaran. Mientras limpiaban el escombro, vimos que la maquinaria levantó parte de una serie de sepulcros que estaban en el atrio del templo. Entre el terregal vimos claramente una argolla metálica que parecía ser de oro. Nos fuimos inmediatamente a verla contando con el permiso del padre Juan Héctor Garza. Por más que quitamos la tierra no dimos con el objeto. El muro que se cayó, dejó al descubierto una serie de sepulcros en donde se podían ver aún restos humanos mezclados con ropa y madera. Al fondo de un ataúd resaltaba uno cazo con sus orejas. Uno de mis amigos se metió sin importarle los riesgos de que todo se le viniera encima. Vio el recipiente pero no lo que tenía adentro. Debimos sacarlo pues en eso llegó Mary Audifred para regañarnos y advertirnos del peligro que teníamos al estar entre las viejas tumbas. El padre Juan Héctor nos pidió que nos fuéramos a la plaza. Allá nos alcanzó y nos pidió que entre todos, nos concentráramos a la media noche para escarbar y buscar el tesoro que Gerardo Jorge Ayala vio. Mientras esperábamos que llegara la hora, acudimos al Swami, un restaurante propiedad de Abraham. Nos dijo que antes de escarbar hiciéramos esto: colocar dos cigarros invertidos mientras todos, (unos diez) rezamos el Credo. Yo agarré los cigarros, uno en cada mano. Si éstos se movían resultaba que alguien había tenido un mal pensamiento. Si los cigarros se ponían en posición vertical, había un difunto y si éstos indicaban la tierra, se trataba de una relación. Grande fue la sorpresa de que pasó esto último. Así estuvimos toda la madrugada hasta llegar al cazo. Teníamos le certeza de que con el tesoro se podía iniciar pronto la reconstrucción del templo. Mientras hacíamos los trabajos nos asustaron: vimos sombras, escuchamos silbidos y que nos hablaban. Yo escuché que alguien dijo mi nombre y más de una vez corrimos despavoridos por las cosas que pasaban a nuestro alrededor. Como a las 5 de la mañana llegamos a donde estaba el cazo: solo estaba un hueco en su lugar. 

1 comentario:

  1. Y QUE FUE DE GERARDO JORGE AYALA?
    LO HAZ VISTO RECIENTEMENTE?

    ALGUIEN QUE ME INFORME
    PARA SABER SI ES MI AMIGO DE LA UNIVERSIDAD.

    GRACIAS

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