jueves, 21 de mayo de 2015

Nuestras bodas castizas del noreste (2)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina




Los actos representaban símbolos. Desde el momento buscar novia, el permiso correspondiente. Las miradas, las expresiones y los movimientos valen más que mil palabras. A veces sutilmente ofrecían bebidas que en forma simbólica aprobaban o rechazaban la unión. Los papás del novio buscaban al sacerdote, al maestro, al médico, al patriarca del clan, a alguien que tuviera la solvencia moral como económica para que en nombre de la familia pidiera la mano de la pretensa. Si a los papás de la muchacha les daba por ofrecer café representaba un mal augurio. Chocolate o mezcal significaban algo bueno. Y si los papás de la novia no querían al novio, pero la novia si estaba muy enamorada de él, pues entonces recurrían al plan osado y rebelde: se robaba a la novia o ésta se escapaba de la casa para regresar otra vez con el novio y su familia política para reiterar el deseo de contraer nupcias entre la pareja. Pero no pasaba cosas entre los novios. La niña era “depositada” en una casa de una familia con mucha reputación y peso moral. Lo malo es que esta opción negaba el uso del vestido blanco en la boda. Ya llevaban un traje elegante, pero no era el clásico vestido albo para la ocasión. La novia regularmente era menor a los 18 años, pues decían “novia que no se casado a los 18, es que ya se había quedado”. Para que el novio pudiera mantener a la novia, los papás ofrecían una dote para que se la llevara y así su pudiera formar el nuevo hogar. Cosa extraña, hay lugares en donde les llaman “donas”. Podía ser una cama, unas aves de corral, mobiliario antiguo, unas colchas; o bien una cantidad de dinero en efectivo. ¡Cómo cambian los ritos! Lo que no cambia es la actitud de buscar pareja para formar una familia. 

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