miércoles, 20 de mayo de 2015

Nuestras bodas castizas del noreste (1):

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Y seguramente se preguntarán: ¿a qué se refiere con castiza? Bueno, es una palabra que refiere a una casta, la cual posee usos y costumbres peculiares de un lugar, de su gente o una actividad. Entonces ¿cómo serían nuestras típicas bodas de rancho y/o de pueblo? Bueno, de que había uniones familiares desde tiempos inmemoriables las hay. La cuestión es que a veces las formas cambian: desde el noviazgo, las miradas furtivas, la joven recatada que no enseñaba absolutamente más que su forma de peinado, su vestido y la carita que enamoraba al pretenso. Ya novios salían con la famosa acompañante (o estorbante dirían) llamada chaperona. Desde el momento de pedir a la novia, cuando el novio acompañado por sus padres y a veces por alguna persona de mucha autoridad moral en la comarca, acudían hasta la casa para pedir a la novia. En algunos lugares los novios cargaban un hato de leña la cual dejaban afuera de la casa. Si los padres aceptaban, fijaban la fecha para correr las amonestaciones e invitaciones respectivas, confeccionar el vestido, organizar la ceremonia litúrgica como civil, el baile y la comida necesaria como para permanecer unos dos o tres días de fiesta. Había boda, fiesta y tornaboda que dejaba a los presentes exhaustos. Cuentan que en esas fiestas (continuación de la boda), corrían litros de bebidas espirituosas y kilos de rica y variada comida. Ah, olvidaba decirles lo siguiente: si le daban el “sí”, el novio salía y colocaba en forma vertical el hato de leña. 

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