lunes, 25 de mayo de 2015

La Casa Páez, la tienda grande del pueblo

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Alguna vez Santa Catarina tan solo tuvo cinco tiendas grandes; el Centro Mercantil de Santa Catarina en Juárez y Colón, las de Nemesio Ayala y José María Guerra en Juárez y Zaragoza, (cada una en contaesquina), la de don Serapio Martínez en Manuel Ordóñez y Zaragoza y la de don Leocadio Páez Garza en la esquina de Ocampo e Hidalgo. Al morir el tío Leocadio la dejó a uno de sus hijos, don Armando Páez García. De todas las grandes tiendas, tal vez ésta fue la última en desaparecer. La de don Serapio pasó a su hijo Horacio Martínez Padilla quien la rentó durante un tiempo a don Eliseo Herrera de allá de La Fama. Pero Armando Páez mantenía y atendía la famosa “Casa Páez”. Ahí lo mismo se podían conseguir zapatos, huaraches, trastes, clavos, tapones para llantas, cuerdas para guitarra, martillos, carretillas, aceite para la tos, glostora para el pelo, talladores para lavar la ropa. En fin, yo creo que ahí bien se podía decir: “tenemos de todo como en botica”. Todo lo habido y por haber, lo inimaginable estaba en mostradores y anaqueles de madera. La habitación grande dividida por una barra en la estaban además los refrescos, las golosinas y cosas comestibles. Uno podía llegar y decirle: “¡Armando, tienes unos peines pa´peinar!” o bien: “Me das unas piedras para el encendedor”. Con solemnidad y paciencia se iba a otras habitaciones y se da el tiempo para buscar lo que le pedían. Regresaba al mostrador y sin licencias de Iso 9000 el cliente quedaba satisfecho. La mayoría de las veces fiaba el producto; lo anotaba en una libreta o en caso de faltar en un cartón de caja de cigarrillos. Si quien debía no pagaba, entonces lo castigaba en uno de los muros de la tienda o en los marcos de las puertas, escribiendo el nombre de quien se pasaba de listo y no cumplía con la deuda. Por cierto, todavía está la lista; ya no se ven los nombres pues seguramente éstos fueron a borrarlos para no quedar mal en la comunidad. Don Armando Páez murió. La tienda fue cerrada por sus hijos y alguna vez me tocó ver cuando estaban llevándose muchas cosas, quien sabe a dónde. Afortunadamente la casa sigue en pie, con la fecha de 1898 en una de sus vigas. Recordando que antes de Oxxos, Sevenes y demás tiendas de convenciencia, con Armando Páez se conseguía todo lo que uno necesitaba.  

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