domingo, 31 de mayo de 2015

El cacique Huajuco y el asalto a la hacienda de Santa Catalina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

El 31 de mayo de 1624, la todavía llamada hacienda de Santa Catalina fue atacada por un grupo de los llamados "indios bárbaros" encabezados por los caciques Huajuco y Colmillo. En esa ocasión incendiaron la casa grande, las trojes, las bodegas y los jacales en donde habitaban los antiguos pobladores. Fue cuando el mayordomo Diego Pérez salió sin ropa para confundirse con los indios, pero fue cruelmente agarrado a flechazos muriendo en ese albazo. En esa ocasión se perdieron l...os títulos de propiedad que amparaban la posesión legal de la hacienda en favor de la familia García de Quintanilla. Huajuco fue un cacique huachichil perteneciente a la nación Cayo Cuapa junto con su hermano Colmillo. Este fue bautizado con el nombre de Cristóbal y cuando fue gravemente herido, huyó hasta un paraje situado río arriba del Ramos en Allende, en donde murió. Por las noches en los alrededores, oyen el canto y el llanto del cacique. Pero regresando a Huajuco, quien indudablemente es el más conocido de todos los caciques indígenas del siglo XVII, pues su nombre da origen a una extensión territorial situada al sur de Monterrey, la cual atraviesa los municipios de Santiago y una parte de Allende, delimitada por la sierra Madre y el cerro de la Silla. A Huajuco se le describe como alto, feroz, mandaba con imperio y hablaba diversas lenguas. Mantuvo en estado de sitio a Monterrey y a sus alrededores con sorpresivos y continuos ataques. Se convirtió al cristianismo y aún así se dedicó a robar jóvenes indios para venderlos en colleras. En 1625, yendo con rumbo hacia el río del Potosí (allá por el actual Galeana, Nuevo León), los mismos indios se le rebelaron, dejándolo gravemente herido; incluso mataron a un hermano suyo. 

sábado, 30 de mayo de 2015

Ezequiel Steel, la fábrica de La Fama y la batalla de San Bernabé

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

Hace 143 años hubo un enfrentamiento entre los seguidores de Porfirio Díaz quienes enarbolaban el Plan de la Noria, mediante el cual querían evitar la reelección de Benito Juárez.. En entonces gobernador de Nuevo León Jerónimo Treviño y el general Julián Quiroga mantenían el control de Monterrey a través del cerro del Obispado. Las fuerzas federales al mando de Diódoro Corella atacaron a Monterrey obligando a los rebeldes a enfrentarse en San Bernabé del Topo Chico. Ahí, los 3 mil efectivos hicieron un ataque con artillería y bayoneta, derrotando a 3,500 rebeldes que apoyaban a Porfirio Díaz. En esa batalla murió Ezequiel. B. Steel, pionero de la industrialización en Nuevo León. El nació en Washington, Estados Unidos en 1819. Hijo de Lettis J. Steel y Sara Steel Gross. Fue uno de los accionistas fundadores de la Fábrica de Hilados y Tejidos de la Fama en 1854, en la cual trabajaba como maquinista. Contrajo matrimonio con Carlota Fuentes Durán de Saltillo. Asistió a la Batalla de San Bernabé del Topo Chico que se verificó a inmediaciones del poblado del mismo nombre en Monterrey, apoyando a Jerónimo Treviño y a Julián Quiroga. Ahí murió víctima de un balazo a la 1 y media de la tarde del 30 de mayo de 1872. Su familia compuesta por su viuda y sus hijos Manuel María, Sara, Virginia, Josefa y Ezequiel, mandaron exhumar sus restos en Monterrey, para depositarlos en el Panteón San Juan el 12 de octubre de 1872. Los descendientes de la familia Steel se fueron de Santa Catarina; quedan pocos de ellos quienes seguramente ni siquiera saben que en el panteón San Juan de Santa Catarina (además de nuestras autoridades municipales), están los restos de uno de los primeros empresarios que hicieron fuerte a Nuevo León, un ciudadano que tomó las armas y aunque en esa ocasión perdieron, bien se le puede considerar un héroe de guerra. Ojalá y un día no destruyan el monumento mortuorio en honor a tan ilustre familia. 

viernes, 29 de mayo de 2015

Las "Julias" de los Páez: el primer transporte en Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Dos de los hijos de don Loocadio, hermanos del doctor Pepe, fueron Roberto y Rodolfo Páez García, a quienes debemos considerarles como pionero del transporte en Santa Catarina. Don Roberto nació en Santa Catarina el 9 de septiembre de 1912. Inició el primer transporte público entre Santa Catarina y Monterrey en 1928, en unos camiones llamados "Julias". Fue alcalde segundo judicial y regidor en las administraciones de Alfonso Ayala González y Fidel Ayala Jiménez. Contrajo matrimonio con Carolina Garza en 1942. De igual forma fue responsable para darle mantenimiento al reloj público situado en el campanario del templo parroquial de Santa Catarina. También se desempeñó como tesorero de la Junta de Mejoras de Santa Catarina durante 30 años. En 1957 traspasó el negocio de los transportes a la familia Nerio Recio de García, Nuevo León. Tenía su residencia en la calle Juárez, del lado norte de la plaza principal que afortunadamente aún se conserva. En 1959 cambió su residencia a Monterrey en donde se dedicó a actividades mercantiles. Murió un 24 de junio de 2001. En ésta imagen ya borrosa por el tiempo, se pueden apreciar los dos transportes y el vehículo particular de don Leocadio, en la esquina de Hidalgo y Ocampo, la Casa Páez en Santa Catarina. 

lunes, 25 de mayo de 2015

La Casa Páez, la tienda grande del pueblo

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Alguna vez Santa Catarina tan solo tuvo cinco tiendas grandes; el Centro Mercantil de Santa Catarina en Juárez y Colón, las de Nemesio Ayala y José María Guerra en Juárez y Zaragoza, (cada una en contaesquina), la de don Serapio Martínez en Manuel Ordóñez y Zaragoza y la de don Leocadio Páez Garza en la esquina de Ocampo e Hidalgo. Al morir el tío Leocadio la dejó a uno de sus hijos, don Armando Páez García. De todas las grandes tiendas, tal vez ésta fue la última en desaparecer. La de don Serapio pasó a su hijo Horacio Martínez Padilla quien la rentó durante un tiempo a don Eliseo Herrera de allá de La Fama. Pero Armando Páez mantenía y atendía la famosa “Casa Páez”. Ahí lo mismo se podían conseguir zapatos, huaraches, trastes, clavos, tapones para llantas, cuerdas para guitarra, martillos, carretillas, aceite para la tos, glostora para el pelo, talladores para lavar la ropa. En fin, yo creo que ahí bien se podía decir: “tenemos de todo como en botica”. Todo lo habido y por haber, lo inimaginable estaba en mostradores y anaqueles de madera. La habitación grande dividida por una barra en la estaban además los refrescos, las golosinas y cosas comestibles. Uno podía llegar y decirle: “¡Armando, tienes unos peines pa´peinar!” o bien: “Me das unas piedras para el encendedor”. Con solemnidad y paciencia se iba a otras habitaciones y se da el tiempo para buscar lo que le pedían. Regresaba al mostrador y sin licencias de Iso 9000 el cliente quedaba satisfecho. La mayoría de las veces fiaba el producto; lo anotaba en una libreta o en caso de faltar en un cartón de caja de cigarrillos. Si quien debía no pagaba, entonces lo castigaba en uno de los muros de la tienda o en los marcos de las puertas, escribiendo el nombre de quien se pasaba de listo y no cumplía con la deuda. Por cierto, todavía está la lista; ya no se ven los nombres pues seguramente éstos fueron a borrarlos para no quedar mal en la comunidad. Don Armando Páez murió. La tienda fue cerrada por sus hijos y alguna vez me tocó ver cuando estaban llevándose muchas cosas, quien sabe a dónde. Afortunadamente la casa sigue en pie, con la fecha de 1898 en una de sus vigas. Recordando que antes de Oxxos, Sevenes y demás tiendas de convenciencia, con Armando Páez se conseguía todo lo que uno necesitaba.  

domingo, 24 de mayo de 2015

La casa que sirvió de consultorio del doctor Pepe Páez

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


¡Cómo son las cosas y pasa el tiempo! El 24 de mayo de 1934, la presidencia municipal de Santa Catarina informa mediante un oficio al gobierno del estado, de la existencia de tan solo seis aparatos de radio en la comunidad. Ni en el palacio municipal contaban con uno. De los seis vecinos que tenían aparato, solo recuerdo a dos de ellos, por cierto ex alcaldes: José María Guerra Villanueva y Leocadio Páez Garza. Siguiendo con la historia del doctor Pepe: su consultorio estaba ...en la casa que perteneció a su papá, don Leocadio Páez Garza. Siempre preocupado por mantenerla tal y como la tenían en los tiempos en que fue construida, precisamente en el año de 1905. Una ocasión revisando los techos de la casa se cayó y se rompió el brazo. Como no había médico en ese momento para atenderlo, debieron buscar en La Huasteca al doctor Eduardo Aguirre Pequeño quien le vio el daño y hasta lo enyesó. Dos héroes en mangas de camisa que hicieron mucho por sus semejantes. Indudablemente. Respecto a esa rara costumbre de salir del consultorio dejando solo al paciente. Acudía a buscar la medicina para la receta. Ya de regreso se acordaba de algo que tenía que hacer; se ponía a regar, si había frutas en los árboles las ofrecía a la gente que estaba esperando para consulta. Le daba de comer a un compañero que cuidaba su casa, un pastor alemán muy noble y hasta manso. A veces dejaba que las personas vieran la casa. Como que ésta ejercía una acción propicia para olvidar un poco el malestar de la enfermedad. Los amigos o quienes tenían negocios con él, para no hacer fila en el consultorio entraban por una puerta que daba al traspatio. Incluso hasta le tocaban por su ventana y ahí mismo se ponía a platicar. Pero la casa como solar, museo, consultorio y residencia del doctor Pepe mantenía la finalidad de apagar el dolor de sus semejantes y darles la esperanza de vida y salud. 

sábado, 23 de mayo de 2015

El doctor Pepe Páez García

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


El 23 de abril de 2001 falleció en la ciudad de Monterrey el ilustre e insigne médico santacatarinense, José Páez García. Lo tuve presente en esos días pues por alguna razón acudí al panteón San Juan de Santa Catarina en donde descansan los restos del doctor Pepe. Y por alguna razón no escribí esta nota por eso tiempo. Todo un personaje querido y respetado por Santa Catarina y García, Nuevo León: por más 52 años sirvió desinteresadamente a los pacientes de escasos recursos. Regalaba la medicina y a veces sólo cobraba a muy bajo precio. Tenía unos terrenos allá rumbo al panteón municipal de García, al que llegaron unos vecinos sin propiedad en donde vivir. Llegó la fuerza pública para desalojarlos y en lugar de tratarlos mal, el doctor Pepe prefirió venderles las tierras. Como señal de agradecimiento, a la colonia le pusieron su nombre. Pepe Páez nació en Santa Catarina el 22 de noviembre de 1919. Estudió en la primaria Ignacio Zaragoza en Santa Catarina. Cursó la secundaria y el bachillerato en Monterrey. En 1942 ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Nuevo León, de la cual se recibió como médico cirujano y partero en 1948. Estudió la especialidad en pediatría en el Hospital Infantil de México. Hizo su servicio social en Villa de García donde escribió una monografía sobre la salud pública municipal. En 1953 contrajo matrimonio con Otilia Treviño de García, N.L. Trabajó 15 años en el IMSS y 32 en la Secretaría de Salubridad y Asistencia. Por sus méritos ciudadanos recibió la medalla Lucas García otorgada por el cabildo de Santa Catarina y la medalla al Mérito Cívico otorgada por el Gobierno del Estado. Cuentan que alguna ocasión un ladrón disfrazado de paciente, llegó hasta su consultorio con la intención de robarle. A partir de su salud comenzó a resentir hasta dejarnos materialmente. Por que: “No se perderá su memoria y su nombre se repetirá de generación en generación" (Ecco). Ahí está su casa en pie, una escuela lleva su nombre, una colonia en García, en el DIF Municipal y en aquellos quienes lo conocimos y tratamos como amigo, médico y benefactor. 

El Rodeo de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

De Nogales río arriba están Los Morteros, Buenos Aires, Labor de la Casa, Los García, El Alto, el cañón de San Judas y luego El Rodeo. A menos de 15 kilómetros de la cabecera municipal está una comunidad agrícola que nos habla de un pasado ganadero. Desde tiempos ancestrales, el rodeo era la labor de domesticación de caballos y reses salvajes. Aunque existe la posibilidad de que se llame Rodeo por...que el río Santa Catarina rodea a éste pueblo, al que casi nunca dañó con todas sus venidas de agua. Tierra de los Castillo, Arredondos y García. Aquí también se asentó una familia procedente de El Pajonal de apellido Escamilla. El Rodeo está a unos 800 metros sobre el nivel mar; en un ancón que se forma entre la montaña y el río de los ancestros. Lugar de paso obligado rumbo a San Cristóbal, La Ciénega y San Juan Bautista. Pero también por aquí se accedía a la famosa mina de Santo Domingo, el cañón de Sandías y luego El Pajonal. Colindante con un rancho tan antiguo que aparece en documentos llamado El Camurlín. Con terrenos aptos para la ganadería, preferentemente caprino. Con tierras de cultivo y huertas en donde abundaban los aguacatales y las nogaleras. Con una considerable producción de tomate, frijol, maíz, trigo y chile. Pero sobre todo un lugar conocido por sus moliendas y trapiches. Hace unos 70 años se sembraba caña de azúcar por el lugar. Todos hablan del valle de Reyes, pero no consideraron que desde hace unos 10 años todo el entorno cercano al Rodeo y la cortina, se vio repleto (según los vecinos algunas 60 fincas de descanso) de casas y ranchos. 

jueves, 21 de mayo de 2015

Nuestras bodas castizas del noreste (2)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina




Los actos representaban símbolos. Desde el momento buscar novia, el permiso correspondiente. Las miradas, las expresiones y los movimientos valen más que mil palabras. A veces sutilmente ofrecían bebidas que en forma simbólica aprobaban o rechazaban la unión. Los papás del novio buscaban al sacerdote, al maestro, al médico, al patriarca del clan, a alguien que tuviera la solvencia moral como económica para que en nombre de la familia pidiera la mano de la pretensa. Si a los papás de la muchacha les daba por ofrecer café representaba un mal augurio. Chocolate o mezcal significaban algo bueno. Y si los papás de la novia no querían al novio, pero la novia si estaba muy enamorada de él, pues entonces recurrían al plan osado y rebelde: se robaba a la novia o ésta se escapaba de la casa para regresar otra vez con el novio y su familia política para reiterar el deseo de contraer nupcias entre la pareja. Pero no pasaba cosas entre los novios. La niña era “depositada” en una casa de una familia con mucha reputación y peso moral. Lo malo es que esta opción negaba el uso del vestido blanco en la boda. Ya llevaban un traje elegante, pero no era el clásico vestido albo para la ocasión. La novia regularmente era menor a los 18 años, pues decían “novia que no se casado a los 18, es que ya se había quedado”. Para que el novio pudiera mantener a la novia, los papás ofrecían una dote para que se la llevara y así su pudiera formar el nuevo hogar. Cosa extraña, hay lugares en donde les llaman “donas”. Podía ser una cama, unas aves de corral, mobiliario antiguo, unas colchas; o bien una cantidad de dinero en efectivo. ¡Cómo cambian los ritos! Lo que no cambia es la actitud de buscar pareja para formar una familia. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

El llorón de Icamole

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

El 20 de mayo de 1876, las fuerzas al mando de Julián Quiroga derrotaron en la hacienda de Icamole, García, Nuevo León, a las tropas encabezadas por Porfirio Díaz, Francisco Naranjo y Jerónimo Treviño. El ejército leal a Lerdo de Tejada, enfrentó a las tropas del caudillo de la revolución de Tuxtepec, Porfirio Díaz. La batalla terminó cuando el general oaxaqueño, al verse derrotado, ordenó la retirada de sus fuerzas. Díaz enardecido, al borde las lágrimas cuestionó la valentía y el arrojo de los nuevoleoneses. Entonces Treviño y Naranjo le respondieron: ¿A poco cree que Quiroga es de Oaxaca? El oaxaqueño no aguantó más y rompió en llanto; razón por la cual se le conocía como "El llorón de Icamole". Y Quiroga era de mero Ciénega de Flores.

Nuestras bodas castizas del noreste (1):

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Y seguramente se preguntarán: ¿a qué se refiere con castiza? Bueno, es una palabra que refiere a una casta, la cual posee usos y costumbres peculiares de un lugar, de su gente o una actividad. Entonces ¿cómo serían nuestras típicas bodas de rancho y/o de pueblo? Bueno, de que había uniones familiares desde tiempos inmemoriables las hay. La cuestión es que a veces las formas cambian: desde el noviazgo, las miradas furtivas, la joven recatada que no enseñaba absolutamente más que su forma de peinado, su vestido y la carita que enamoraba al pretenso. Ya novios salían con la famosa acompañante (o estorbante dirían) llamada chaperona. Desde el momento de pedir a la novia, cuando el novio acompañado por sus padres y a veces por alguna persona de mucha autoridad moral en la comarca, acudían hasta la casa para pedir a la novia. En algunos lugares los novios cargaban un hato de leña la cual dejaban afuera de la casa. Si los padres aceptaban, fijaban la fecha para correr las amonestaciones e invitaciones respectivas, confeccionar el vestido, organizar la ceremonia litúrgica como civil, el baile y la comida necesaria como para permanecer unos dos o tres días de fiesta. Había boda, fiesta y tornaboda que dejaba a los presentes exhaustos. Cuentan que en esas fiestas (continuación de la boda), corrían litros de bebidas espirituosas y kilos de rica y variada comida. Ah, olvidaba decirles lo siguiente: si le daban el “sí”, el novio salía y colocaba en forma vertical el hato de leña. 

martes, 19 de mayo de 2015

Remembranzas de Nogales

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina

Y también Los Nogales se hicieron famosos por sus bailes; sus fiestas patronales o alguna ocasión propicia para romper el tedio. Una posibilidad para que los ausentes regresaran y la gente de las comunidades tuvieran un convivio; arreglaran un negocio. Seguramente de los bailes, reuniones y juegos salieron muchas alianzas familiares y se amarraron parejas y hasta se solucionaron pendencias. De bailes en donde no faltaba las notas de un acordeón y el bajo sexto. Con el “fara fara” y al compás del pávido návido levantaban la polvadera a tal grado de que continuamente debían regar el piso: “ya se reventó el columpio donde ella se columpiaba, ya se le acabaron los gustos a la joven que yo amaba”. ¡Ah!, pero primero se hacían las competencias con suertes de origen charro, vaquero y de acaballo que recordaban el origen de los pobladores: la chiva colgada, el gallo enterrado, carreras de caballos y peleas de gallos. Bien lo señala una estrofa de un canto a Nogales que escribió el finado Pedrito García: “Son sinceros y cabales, porque de Nogales son y para ellos no hay tristeza, cuando suena el acordeón. Por aquí nació mi madre, en ésta tierra tan linda que fue bendita por Dios”. El 20 de noviembre era el día de la fiesta de Nogales: día de la revolución mexicana, fecha de la fundación de Santa Catarina y el día en que el presidente de la república el general Lázaro Cárdenas aprobó la creación del ejido. Ese día elegían reina y era deber ineludible bailar al menos una pieza con ella. Mientras las señoras preparaban los frijoles, hacían el asado de puerco, la sopa de arroz. Ya todo pasó. Ahora cada fin de semana o tal vez todos los días hacen fiestas y disfrazan las bebidas al por mayor. La gente y alegría de Nogales solo permanecen en la nostalgia de quienes nacieron, crecieron y vivieron ahí.

lunes, 18 de mayo de 2015

Y el ejido el Potrero en Los Nogales se vendió...

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


El ejido solo tuvo vigencia 55 años: entre 1936 a 1991. Ciertamente los apoyos federales propiciaron las actividades agropecuarias. Tal vez éste ejido fue uno de los que se podían preciar de tenerlo todo: los remanentes del río Santa Catarina; con agua rodada procedente de manantiales que nacían más arriba. Con tierras regadas por las acequias y con algunas porciones de temporal. Entre Nogales y la Mielera había terrenos con suficientes pastos para los ganados mayores y menores. Allá en la sierra todo un bosque con encinos y una variedad notable de pinos y plantas típicas de la región. Incluso con aguajes en donde se podía vivir. Siempre se dijo que el mejor chile del monte crecía por éstos rumbos. El ejido en sus mejores épocas producía maíz, frijol, aguacate, naranja, durazno, cebada, trigo y nuez. En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se desafectaron los ejidos por el territorio nacional, por lo que muchos de ellos vendieron sus tierras. Y aquí no fue la excepción. Miembros de la Comunidad de Accionistas de Santa Catarina que tenían derechos de regadío en las acequias, recibieron tierras en toda la sierra cuando el agua fue destinada para el consumo humano. La agricultura mermó y durante mucho tiempo todos éstos poblados dueños del agua del subsuelo batallaron para contar con el suministro de agua potable. Si los antiguos pelearon a balazos éstas tierras, los nuevos propietarios, bueno; pues casi todos vendieron. Actualmente Nogales es un lugar formado por fincas, ranchos, quintas, centros recreativos y casas de los pocos vecinos que se quedaron a vivir en el poblado. Lo peor es que abrieron la posibilidad de urbanizar todo el sector cuando en tiempos de Alejandro Páez Aragón y Humberto González Garibaldi (1997-2003) los cabildos permitieron la construcción de fincas sin la adecuada autorización correspondiente. El proyecto Valle de Reyes amenazó con destruir todo el entorno en aras al progreso en el 2006 y 2007.

domingo, 17 de mayo de 2015

Pelotera en el ejido El Potrero de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Algunos vecinos de Nogales no quedaron conformes con la formación del ejido. Por alguna circunstancia fueron excluidos a pesar de que todos formaban parte de la familia Rangel. Estos no se dejaron y hasta llegaron a los balazos. Como dicen literalmente en nuestros pueblos: “hubo pelotera en el ejido”. En 1938 se dio otra balacera. Unos ejidatarios de Nogales se hallaban haciendo ejercicios militares, puesto que pertenecían a la guardia rural. Entonces unos vecinos de otra comunidad de río arriba; todos ellos miembros de otra conocida familia de la región de apellido Castillo que tenían parte de su ganado en el cañón de la Mielera, pasaron armados por terrenos ejidales porque querían ver a sus animales. El comandante de la defensa rural se les acercó y les pidió su licencia para portar armas. En eso, dos ejidatarios dispararon al aire con la intención de amedrentar, por lo que los otros para demostrar que no tenían miedo repelieron el ataque. Y se hicieron de balazos otra vez. Entre las personas que participaron por parte de los ejidatarios se hallaban Feliciano Rangel (padre e hijo), Luciano Arrambide y Agustín Meléndez que murió por la herida de una bala. Creo que los ejidatarios se llevaron la peor parte como regularmente se dice. Hubo algunos heridos en la refriega. La versión que corrió por Santa Catarina justificaba a las acciones de los miembros de la otra familia que quería pasar a la Mielera, corría el rumor de que el ejido quería ampliarse a otros ranchos y había gente que no estaba de acuerdo con las políticas de los agraristas. De las familias enfrentadas: con el correr del tiempo hasta emparentaron. 

sábado, 16 de mayo de 2015

Ejido El Potrero de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


En el siglo XIX, para la formación de un municipio requerían de tierras en donde se pudieran mantener actividades de índole agropecuaria. Con el triunfo de la revolución constitucionalista se hizo el reparto agrario en 1915. En muchos casos expropiaban tierras que excedían los límites de una pequeña propiedad y se les dotaba de títulos a un grupo de personas para la explotación en común. Al llegar a la presidencia Lázaro Cárdenas en 1934, se restablecieron las tierras a quienes habían sido despojados de las mismas y se dotaba a aquellos a los campesinos que nos las tenían. El 20 de noviembre de 1936 (fecha que coincidió con los 340 años de fundación de Santa Catarina) se les dio posesión provisional para el ejido y en 1943 el entonces gobernador Arturo B. de la Garza les dio los nombramientos definitivos. Sólo diez familias se quedaron con las tierras y 18 quedaron sujetas a los derechos de las primeras. Quienes no obtuvieron documentos pidieron que también les reconocieran a ellos sus derechos por ser también habitantes de Nogales. Los Nogales se convirtió en una comunidad rural a la que llamaron Ejido El Potrero. La producción agrícola, ganadera o forestal tenía propósitos económicos, pero también una parte para el autoconsumo. Los ejidos poseían personalidad jurídica y representación propia frente a las autoridades municipales, estatales y federales. Estaban afiliados a la Confederación Nacional Campesina y tenían un una asamblea, un comisariato ejidal y un consejo de vigilancia. Pero las tierras no podían ser vendidas o enajenadas. Siendo presidente de la república Carlos Salinas de Gortari, en 1991 se hizo una reforma a la Constitución y las tierras cambiaban de status. Muchas de las tierras se vendieron, entre ellas las de la Mielera en donde les dio por urbanizar todos los terrenos con rumbo hasta la Estanzuela. 

viernes, 15 de mayo de 2015

Los Rangel de Nogales

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Tenemos algunos pueblos en la región que nos refieren el linaje de sus pobladores: San Isidro de los Guerra, hacienda de Ábrego, los Treviño, los García, la hacienda de Buentellos tan solo por citar algunos. Costumbre inmemoriable de llamar al terruño o lugar con el santo de veneración y el apellido más extendido. En honor a la verdad y sin afán de congraciarme con los descendientes de la dinastía, los Nogales debieron llevar el apelativo de Rangel. Pero no ocurrió así, el pueblo era los Nogales y el ejido El Potrero. Como ya les había comentado anteriormente, en la Mielera habitaba la familia de  Jesús Sepúlveda Saldaña un jornalero nacido en 1847 en la hacienda de San Pedro Los Nogales. Estaba casado con Camila Rodríguez García de Santa Catarina nacida en 1853. Tenían tres hijas llamadas Juana, Petra y Salomé. Las tres se casaron con tres hermanos: Juana con Apolonio Rangel, Petra con Feliciano y Salomé (nacida en 1871) con José. De acuerdo a la tradición oral, el primer Rangel llegó de la hacienda de Santa María en Ramos Arizpe, Coahuila. Juan Rangel Sánchez- Fernández, su mujer se llamaba Elena Velázquez originaria de Rinconada y tuvieron 11 hijos: seis varones y cinco mujeres. Entre los primeros destacan Esteban, Maximino, Cipriano, José, Apolonio y Feliciano. Entonces había tres familias con apellidos similares, los Rangel Sepúlveda. De hecho la mayoría de los Rangel ya sea de Nogales o Santa Catarina descienden de los dos troncos formados por Feliciano y José. Del tronco de José viene la familia de un servidor, pues tuvo ocho hijos y una hija llamada Pánfila casada en segunda nupcias con Mauricio Aguilar, mi bisabuelo que peleaba y atrapaba seres singulares conocidos como “brujas”.

jueves, 14 de mayo de 2015

Del Potrero a Los Nogales

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Los Nogales se formaron entre la Huasteca y la Mielera. Arrinconado en un sitio alto entre la montaña y el río Santa Catarina. Los antiguos contaban que después de la inundación de 1909 se cambió el lugar de residencia al lugar que actualmente conocemos. Propiamente estaba a la orilla del río y fue testigo de las inundaciones como la ocurrida en 1938 y las continuas “bajadas” del agua. Incluso hasta hicieron un túnel para comunicarse con el otro lado del río y así acceder hasta Santa Catarina. Lo que quedó del pasadizo, lo dejaron como testigo de los tiempos complicados. Hasta 1987 se le podía conocer. Pueblo de agricultores y cuando se acabaron las tenerías, el lugar comenzó a llamarse Los Nogales o incluso llevó el nombre de El Potrero. De acuerdo a un censo de 1878, el lugar así se llamaba y aparecen un listado de familias en donde habitaban los García, los Rodríguez, los Galván y los Sepúlveda. De pronto llegó una familia procedente de otros rumbos: el patriarca originario de la hacienda Santa María de Ramos Arizpe y ella de Rinconada allá en García. Numerosa prole que le dio a éste sitio una característica singular: casi todos sus pobladores tienen el apellido Rangel. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Los Nogales de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Pasando el cañón comienza la Sierra Madre de Santa Catarina. Primero Los Horcones en donde los Torres, los Hernández y los González fundaron familias. Más adelante están Los Nogales. ¿Se trata de un ejido, rancho, pueblo, comunidad, congregación? Es un pueblo que tuvo dotación ejidal, pues antiguamente comprendía el ejido llamado “El Potrero”. Los Nogales están ubicados a siete kilómetros al sur de la cabecera municipal, con rumbo a la Sierra Madre. Está al pie de una formación pétrea conocida como “El pico del Águila”. Esta población es la entrada al cañón que llaman de la Mielera. Es más, parte de las tierras de agostadero del ejido estaban en La Mielera, también conocido como el cañón de Ballesteros, ahí donde Jesús Sepúlveda y Camila Rodríguez de Luna fundaron una familia de la cual vengo yo. Respecto al nombre: le llamaron nogales debido a la cantidad de árboles que hubo y ya no hay. Es más, en un escrito de mediados del siglo XIX describe una incursión de indios a la región, haciendo referencia a dicho nombre. En cuanto al potrero, éste es el nombre que los españoles dieron a todos los cañones y sierras existentes dentro de la merced de tierras que le otorgaron a Lucas García en el siglo XVII. Aunque se dice en Nogales, que el lugar originalmente se llamó “rancho de las Tenerías” debido a que curtían baquetas de cuero con cascara de encino colorado y que estaba a un lado del río Santa Catarina, más abajo de donde actualmente está la población.

martes, 12 de mayo de 2015

La Sierra Baja de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista Municipal de Santa Catarina


Ya tenemos algunos días recorriendo la sierra. Admirando los paisajes en donde la montaña, los bosques y los pueblos se nos presentan como algo ignoto, lejano, perdido y lo peor de todo, olvidado por algunos y aprovechado para mal por otros. Desde San Cristóbal y El Salto al Puerto del Conejo. Desde aquí hasta el Agua del Toro. Parece raro que muchos hermosos paisajes de otros municipios hayan pertenecido alguna vez a Santa Catarina: al sur Santiago y Arteaga. Al oeste Ramos Arizpe y García. Por las sierras se forman valles y en ellos se pudo abrir caminos que a veces se confunden con los arroyos y barrancas. Ya pasamos San Antonio de la Osamenta, El Tunalillo, Santa Cruz y El Sahumado. Bajamos por El Refugio, Los LLanitos, Canoas y Placeres. Anduvimos por San Cristóbal, El Marrubial y Tinajas. De pronto el camino fue cerrado: una imponente cortina enlaza dos cordilleras. Nos falta conocer un poco el tramo de Loma Alta hasta Las Escaleras y las Cortinas en donde están los ranchos de los Loera, de los Rodríguez y el que fuera de los Hernández. Al rato subimos por ese rumbo. Entre la cortina rompepicos y el cañón del Aire o de la Virgen está la sierra baja de Santa Catarina, con  Los Horcones, San Pablo, Los Nogales, Buenos Aires, Los García y El Alto. Ahí donde abundan las fincas de descanso y continuamente se quejan de que todos los días hay fiestas y ruidos. Duele cuando refieren que de la Huasteca "pa´dentro" está la cantina sin techo más grande de todo Nuevo León. Lugares comunicados por una carretera que a cada rato deben reconstruir. ¿En donde quedó la quietud y la tranquilidad? Allá arriba hay terrenos que se pueden urbanizar y si Santa Catarina ya no tiene para donde crecer; pues ahí están los cañones cercanos a Los Nogales: por donde el Sol se asoma La Mielera y por donde el Sol se mete, San Pablo y Santa Juliana, que por cierto colindan con El Jonuco. 

viernes, 8 de mayo de 2015

Entre Morones y Constitución

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


El 8 de mayo de 1950, Ignacio Morones Prieto ordenó la canalización del río Santa Catarina. Precisamente la vialidad de Monterrey a partir de su gubernatura en 1949 con el Dr. Morones Prieto, estaba diseñada a través de tres grandes avenidas o ejes cuyos nombres nos recordaban valores y etapas históricas que dan fundamento a nuestra nación: Independencia, Constitución y Libertad. La primera se convirtió en Morones Prieto gracias a los trabajos de canalización del río Santa Catarina en 1950 y Libertad dio nombre a Gonzalitos. Cuando concluyeron las obras comenzaron a quitarle terreno o señorío al cauce del río pues pensaron que con la canalización obligaban al agua a seguir un cauce establecido. Otra vez: dos carriles de ida y vuelta tanto en Constitución como en Morones Prieto y hasta el 2010, cada avenida tenía ocho y en algunos tramos hasta diez carriles. Luego vino el proyecto del "par vial" y de allá para acá dieron al traste un proyecto vial que unía a San Pedro Garza García con San Nicolás y a Monterrey con Guadalupe. Esta foto corresponde a la avenida Constitución durante la década de 1960 y que afortunadamente no le han quitado su nombre, pero si su dinámica vial con la que fue pensada desde tiempos de Morones Prieto, Eduardo Livas y Eduardo A. Elizondo entre 1961 y 1971. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

La Cuesta de la Manteca, allá por El Pajonal

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


De Santa Cruz al Sahumado. La sierra se abre formando un valle angosto y pero alargado. El torrente que se forma más arriba por aquí pasa. El valle se cierra por un barranco en la parte baja; ahí donde se forma el Jagüey de Dios que dio vida a El Pajonal por muchos años. El barranco parte la sierra en dos: en un extremo la labor de los Saldívar y por el otro la Cuesta de la Manteca, seguramente llamada así por resbaladiza y peligrosa para quien accede por estos rumbos. Más abajo los “bancos” en donde el camino se cierra y uno debe de sortear los abismos en donde ya se han caído algunos muebles y carretas. Al fondo la Muela y el Colmillo dan forma a la montaña por la cual se asoma el astro rey cada mañana. El monte predomina y desde ahí se pueden apreciar las casas todas desperdigadas. La Cuesta de la Manteca bien puede rivalizar con la Cuesta de las Comadres en donde habitaban los Torricos, en aquel relato del “Llano en llamas” de Juan Rulfo: “Sin embargo, de aquellos días a esta parte, la Cuesta de las Comadres se había ido deshabitando. De tiempo en tiempo, alguien se iba; atravesaba el guardaganado donde está el palo alto, y desaparecía entre los encinos y no volvía a aparecer ya nunca. Se iban, eso era todo. Y yo también hubiera ido de buena gana a asomarme a ver qué había tan atrás del monte que no dejaba volver a nadie”. “El coamil donde yo sembraba todos los años un tantito de maíz para tener elotes, y otro tantito de frijol, quedaba por el lado de arriba, allí donde la ladera baja hasta esa barranca que le dicen Cabeza del Toro. El lugar no era feo; pero la tierra se hacía pegajosa desde que comenzaba a llover, y luego había un desparramadero de piedras duras y filosas como troncones que parecían crecer con el tiempo. Por otro rumbo, por donde llega a cada rato ese viento lleno del olor de los encinos y del ruido del monte. Los únicos que no dejaron nunca de venir fueron los aguaceros de mediados de año, y esos ventarrones que soplan en febrero y que le vuelan a uno la cobija a cada rato. De vez en cuando, también, venían los cuervos; volando muy bajito y graznando fuerte como si creyeran estar en algún lugar deshabitado”. 

sábado, 2 de mayo de 2015

La devoción a la santa Cruz en Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar, Cronista de la Ciudad de Santa Catarina

Los antiguos mexicanos para propiciar las lluvias y la vida, ponían una escultura o algo que representara al dios Tláloc sobre los cerros. Cuando llegaron los religiosos durante la llamada “conquista espiritual” las quitaron y en su lugar colocaron una cruz. Esta reliquia es venerada el 3 de mayo y nos remite a la famosa batalla del puente Milvio en las afueras de Roma, el 28 de octubre de 312, cuando Constantino - hijo de Constancio y Helena-, mediante la guerra, la habilidad y un milagro, se proclamó emperador de Roma.  Antes de enfrentar sus tropas contra Majencio, le dio por pintar cruces en las corazas de sus soldados. Una noche anterior tuvo un sueño en el cual se dibujaba una cruz en el cielo y unas letras le indicaban In Hoc Signo Vinces (IHSV), “con éste signo vencerás”.  Al año siguiente, mediante el edicto de Milán, reconoció a la Iglesia católica y en consecuencia permite que su madre vaya a Jerusalén a encontrar el santo madero donde Cristo fue crucificado. Para verificar su autenticidad provocaron dos milagros: un militar recuperó la salud y una niña muerta la vida. Hicieron la procesión para proclamar el hallazgo de la “Vera Cruz” (cruz verdadera) la que adoptaron como nuevo símbolo de los cristianos.


Los religiosos y misioneros bajaban las cruces de los cerros, las llevaban en procesión, invocaban las lluvias y la vida, la bendecían y las volvían a colocar en su sitio. Por eso hay cruces sobre las lomas y cerros de nuestros pueblos. Por ejemplo, la fiesta más importante en Villaldama está dedicada a la santa Cruz el 3 de mayo.  Santa Catarina no es la excepción. En la cabecera municipal hay una loma de piedra laja, sin vegetación a la que llamaron desde mediados de siglo XVIII de la santa Cruz o Loma Pelona. Tenemos una calle que va desde la Segunda Avenida hasta la loma y se llama Santa Cruz.  Los cabildos del último tercio del siglo XIX acudían el 3 y 5 de mayo para hacer fiestas: una religiosa y la otra cívica en honor a la batalla de Puebla. Una vez el pueblo bajó la cruz pidiendo las lluvias para remediar la prolongada sequía. La llevaron al templo de Santa Catarina y de ahí se fueron rumbo a los temporales, allá por donde estaba la entrada original de Santa Catarina, entre las actuales colonias Norberto Aguirre, Tepeyac y San Francisco. Y llovió tanto en los alrededores, menos por donde la iba la procesión. Era cuando decían los antiguos: “la lluvia de principios de mayo, alivia algunos problemas reumáticos y hasta físicos”.


Durante mucho tiempo, la tradición a la santa Cruz fue auspiciada y promovida por la señora Mercedes Buentello. Ella nació en Santa Catarina el 24 de septiembre de 1914, hija de Merced Buentello y Josefa García, quienes vivían en un solar situado por la calle de Manuel Ordóñez, entre la acequia madre y la calle Hidalgo. Una ocasión don Merced Buentello preocupado por la falta de alimento para el ganado que cuidaba, esperaba junto con su esposa afuera de su casa la procesión de la santa Cruz y pidieron con respeto y fe la lluvia necesaria para calmar los males que afectaban al campo y a la vida. Y llovió tanto que de nueva cuenta los pozos y acequias se beneficiaron y en el monte todo reverdeció. Los Buentello García decidieron apoyar la devoción de la santa Cruz y cuando éstos faltaron, la hija popularmente conocida como “Meche”  (O Chelo) Buentello retomó esa noble costumbre.

Doña Mercedes se casó en 1946 con el Efrén Gasca Maldonado y procrearon tres hijos: Mario Zacarías, Josefina Dolores y Efrén Gerardo. Siempre les inculcó el cariño a la fiesta y pidió que al faltar ella, la tradición del 3 de mayo continuara como un legado familiar. Una temporada vivió en Monterrey, pero se daba tiempo para organizar los preparativos. Hacían la fiesta sin importar el día en que cayera. Apoyada en un principio por Abundia Chávez Aguilar, Cecilia López de Vázquez y Marianita Flores Chávez y por otras personas solidarias, buscando quien bajara la cruz después de la Semana Santa; la llevaban al templo en donde se quedaba algunos días y para el día 3 de mayo comenzaba la fiesta religiosa: contrataban matachines para la procesión, pintaban de verde a la cruz, rezaban el rosario, le colocaban un lienzo blanco y una banda roja, la adornaban con flores y al frente de muchos devotos quienes se turnaban para cargarla hasta la loma a continuar la fiesta. Conseguían domicilios en donde hacían “paradas” en la procesión organizada como un verdadero vía crucis: desde la parroquia tomaban la calle Manuel Ordóñez, daban vuelta por la calle 10 de mayo. Otras veces subían por la calle Corregidora. También cocinaban algunos platillos para la convivencia que se hacía en la loma.

Era todo un regocijo ver cuando la cruz salía del templo parroquial presidiendo la procesión, con matachines, cantos y rezos. Doña Mercedes también debió batallar cuando algunos presbíteros no quisieron ayudarle con la bendición del santo madero. No obstante, ya para abril la cruz estaba en el atrio de la parroquia y el 3 de mayo otra vez la subían a la loma para dejarla en su pedestal de concreto.  Cuando don Manuel Frías adquirió la loma y en ella construyó el castillo, no quiso que la tradición continuara en su propiedad. Por eso doña Chelo Buentello acudió con el alcalde Victoriano Chapa Zárate (1949-1951) a quien le solicitó permiso para continuar con la ancestral tradición. Finalmente don Manuel Frías dio las facilidades para acceder al cerro y continuara la fiesta del 3 de mayo.



La cruz está hecha de madera de encino, mide poco más de dos metros de altura, con un peso aproximado de 130 kilos. Doña Mercedes falleció el 6 de septiembre de 2003. Los últimos días los pasó en su casa de la colonia Infonavit Huasteca. Aún tenemos esta fiesta en honor a la santa Cruz y todavía hay quienes recuerdan ésta maravillosa tradición que como muchas otras corren el riesgo de perderse en Santa Catarina. Es nuestro deber trasmitirla a las nuevas generaciones para que la conozcan y actualizar su sentido: somos peregrinos en ésta tierra y debemos soportar nuestra pesada carga. Y solo con la ayuda de Cristo y los demás, podemos aligerar su peso. Recordemos que el camino a la propia santificación está en el santo misterio de la Cruz. También el 3 de mayo es el día de los albañiles. Bajo el patronato de la santa Cruz, ésta tradición data de la colonia cuando se formaron los primeros gremios de constructores. En México el fervor religioso de los albañiles mantiene vigente la tradición. Una noche antes se prepara una cruz hecha con varillas y maderas. Se adorna con lo que se encuentre en el lugar. Se coloca en el punto más alto de la obra y se le prepara un altar. El 3 de mayo solo trabajan hasta el medio día para festejar con una buena convivencia. Felicidades a todos los albañiles y a quienes creen que en el misterio de la Cruz está la redención.