lunes, 2 de marzo de 2015

Una garita en La Huasteca

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


la merced original que Diego de Montemayor otorgó a Lucas García en 1596 amparaba tierras y aguas contenidas río arriba. En consecuencia todos los cañones y valles estaban al servicio y el usufructo de quienes mantenían la posesión de la hacienda y luego valle de Santa Catarina. Un concepto muy ecológico y hasta sustentable como dirían los teóricos hoy en día. Por eso debían mantener un control y registro de lo que había más allá de la Boca del Potrero de Santa Catarina. Tanto en la sierra Media como Alta se formaron ranchos y pueblos dedicados a la agricultura y a la ganadería. Los que vivían de los frutos de la madre Tierra acudían ya sea al Huajuco, Santa Catarina, San Isidro de las Palomas o San Nicolás de la Capellanía para cambiar y/o venderlos. Tiempos de cuando el agua valía más que la tierra. Esta de carácter comunal tenía que ser para todos y en consecuencia la Comunidad de Accionistas de Santa Catarina decidió allá en el siglo XIX la construcción de dos casas de piedra (muy parecidas por cierto), una en dónde termina la cordillera de La Huasteca y otra en el paraje conocido de La Culebra. Por obligación la gente del campo y de las tierras de la montaña hacía un alto en las mismas. Ahí daba razón de lo que se llevaba y tenía. A una de ellas, las personas le llamaban “La Garita”. Esta fue completamente remodelada para convertirla en merendero del primer parque recreativo en 1977. La otra, conocida como la famosa “Casa de Piedra” fue destruida para urbanizar en sus terrenos una nueva colonia casi en el cruce de Miguel Alemán y Culebra. ¿Qué dirían los antiguos del concepto “ecológico” y de la sustentabilidad que tanto se pregona hoy en día?

No hay comentarios.:

Publicar un comentario