domingo, 8 de marzo de 2015

Un castillo que hace leyendas y despierta la imaginación

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Tal vez para quienes nos visitan o habitan en los alrededores, se les haga raro que a mediación de la cabecera municipal y de las colonias haya una loma y sobre ella un castillo con formas medievales, obra y diseño de un empresario mueblero que llegó a Santa Catarina en la década de 1950. Su nombre para que no se olvide: Manuel Frías García. Para quienes conocieron el sector aún sin urbanizar, había unos tres lomeríos al pie de la Sierra de La Ventana. La Loma de la Santa Cruz, llamada así pues desde tiempos inmemoriables los antiguos colocaron en un extremo una Cruz como símbolo de protección y encomienda a la gente que por aquí vive. También conocida como la Loma Pelona, pues no crecía en ella vegetación alguna. De piedra laja, con muchos yacimientos de cuarzo que se podían recoger en pedacitos. Tiempos cuando no creíamos en sus propiedades y cualidades. Eran simplemente trozos de piedritas vidriosas; para quienes crecimos en sus alrededores pensábamos que eran joyas. Con una extensión de casi medio kilómetro de longitud y unos 200 metros de altura. Bueno, a ojo de buen cubero, no vaya a ser que vayan unos conocidos a medirla para desmentir mis apreciaciones. Por la calle de Diez de Mayo se decía que en sus alrededores se aparecía una marrana blanca con cadenas y quien lograba agarrar sus orejas de pronto se convertiría en un cazo con monedas antiguas. Por el lado poniente había barrancos y el arroyo famoso que baja por la Loma del Frijolillo. Por ahí nos asustaban diciendo que se aparecía una mujer de blanco. Si la ciudad de México tiene a un bosque de espejos que cuida a un castillo y si Monterrey tiene el Obispado, nosotros tenemos al "Castillo". Tere García logró recuperarlo en diciembre de 1991 y el municipio le dio vocaciones distintas hasta convertirlo en lo que ahora es. 

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