domingo, 22 de marzo de 2015

Las ceremonias cívicas y el credo juarista en Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina



Aunque Benito Juárez estuvo el 10, 11 y 15 de febrero, a principios de abril y mediados de agosto de 1864, las autoridades acompañados por las fuerzas vivas y las escuelas de Santa Catarina, se congregaban en el monumento situado en el salón parroquial. Paradojas y curiosidades de nuestra memoria e identidad histórica: tal vez el único salón parroquial en toda la arquidiócesis no está dedicado a una advocación o santo de la Iglesia católica. Aquí siempre le han llamado "Salón... de Juárez". La ceremonia cívica comenzaba en el palacio. De ahí salía la comitiva formada por el alcalde, su cabildo y sus principales colaboradores. Por la calle Hidalgo, entre la plaza y el curato la banda de guerra daba un aire marcial a la conmemoración. Honores a la bandera, un maestro de ceremonias que guiaba el evento. Palabras del alcalde y de algún orador oficial. Mostraban respeto a la investidura presidencial, al credo juarista, al México mestizo y liberal. Luego colocaban las ofrendas florales. Una vez concluido acudían a los otros monumentos situados en La Fama y en la escuela de La Huasteca, para regresar a las actividades habituales. ¿Cuándo se perdieron éstas fiestas? Bueno, al menos la solemnidad y la elegancia del acto, pues aún las hacen pero sin la convocatoria y presencia de alumnos, ciudadanos, sociedad civil y las autoridades del ahora llamado "gobierno municipal" de Santa Catarina. Desde hace uno tiempo "el Republicano Ayuntamiento", al menos como concepto desapareció. A lo mejor ahora envían a un representante pues el alcalde siempre tiene agenda llena. Todo pasa, todo cambia, toda importancia se resta y se promueven nuevos valores y actitudes. Se nos olvida que toda fecha histórica es propicia para recordar y reafirmar nuestra identidad y los valores que la sustentan promueven la base de toda comunidad política, en donde gobernantes y gobernados participan en la búsqueda del bien común. No se nos olvide que el secreto de nuestra grandeza está en la profundidad de nuestras raíces. 

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