miércoles, 4 de marzo de 2015

La "fábrica" de agua en la montaña

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Cada vez que había peligro por un ataque o invasión, ya sea de los naturales o por problemas civiles, la gente siempre se escondía en lugares situados al interior del cañón. Es común encontrar cuevas y también orificios que nos recuerdan presencia humana. El 27 de marzo de 1896 el coronel José A. Robertson solicitó al gobierno del Estado el permiso para construir una presa. La intención era construir una cortina que detuviera las bajadas de agua.  Lamentablemente en esa obra todos los poblados del interior quedarían incomunicados con Santa Catarina. Contrató ingenieros y geólogos para que hicieran estudios y llegaron a la conclusión de que era más provechoso hacer galerías subterráneas. Es cuando comienza la extracción del agua y mandarla a Monterrey. Era tanta el agua que no se requería sistema de bombeo y por gravedad el agua era llevada hasta Monterrey. Recuerden que Santa Catarina está a unos 100 metros de altura respecto a la capital del estado. Según rumores, el agua que compró el obispo para Monterrey se quedó con una compañía que produce bebidas espirituosas desde 1890. Si se fijan, hay dos o tres ollas de almacenamiento en San Jerónimo, abajo del Puente Atirantado.  Otra compañía refresquera y una institución educativa se quedaron con los manantiales de San Jerónimo que formaban el famoso Jagüey. Recientemente me dieron la información de que un grupo industrial muy fuerte y con mucha lana adquirió derechos para sacar agua limpia de la Sierra Alta de Santa Catarina y usarla para la extracción de gas esquisito o “shale”, mientras que para el consumo humano quedará el agua del proyecto Monterrey VI. Ojalá y se queden con el agua de la cuenca del Pánuco para sus cosas y nos dejen el agua contenidas en nuestras montañas. 

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