viernes, 6 de febrero de 2015

¿Y dónde quedó el agua?


Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

El vital líquido del río Santa Catarina se forma a través de un intrincado proceso vital, en el cual intervienen los ecosistemas (montañas y vegetación) que retienen humedad; también por los deshielos y/o lluvias que caen en la rica y bellísima zona montañosa de Arteaga, Coahuila y por los mantos freáticos existentes. Existen 27 pozos profundos en todo el cañón, de los cuales extraen agua para los usos y consumo de una zona correspondiente a San Pedro Garza García, todo Santa Catarina y Villa de García. Desde el siglo XVII el agua del río Santa Catarina trajo problemas con los vecinos de la hacienda de San Pedro Los Nogales y los de Santa Catarina pues los primeros alegaban tener derechos por poseer límites hasta la parte más angosta en donde se juntan el cañón de la Huasteca con el de Santa Catarina. Para el padre Mier, las aguas del río Santa Catarina se ocultaron a partir de 1756, cuando llovió 40 días y bajó un culebrón de agua por el río las cuales fueron calmadas por el milagro de la Virgen Chiquita o de la Purísima. En 1786 el obispo fray Rafael José Verger compró tres partes del agua del río para llevarla hasta Monterrey. A partir de 1949 las aguas fueron canalizadas y con ello el caudal fue mermando. La comunidad de accionistas debió renunciar gradualmente a sus derechos de posesión del agua. Y paradójicamente Santa Catarina no tenía acceso al agua del río. El servicio para Santa Catarina venía de pozos particulares, los manantiales de El Palmar, cercanos a la casa que fue del doctor Eduardo Aguirre Pequeño y de los ojos de agua de las Anacuas. No obstante había remanentes del río y en ellos teníamos los nostálgicas “días de campo”, hasta que en los 1960 y 1970, fueron totalmente encauzados para consumo de las familias. El agua desapareció, comenzó la invasión ilegal de predios, la devastación de la vegetación y el uso inadecuado de manantiales sin los permisos correspondientes. Curiosamente aún tenemos agua que corre por el río de nuestros ancestros. 

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