sábado, 31 de enero de 2015

Los orígenes del Valle Poniente


Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Entre San Pedro y San Isidro de los Guerra, la otra banda del río situada al pie de la sierra de la Huasteca. La de tres acequias que regaban sus campos. La de grandes y fuertes mezquites, anacuas y huizaches. Parajes repletos de verdor. Ah...í donde Santa Catarina, San Pedro Garza García, la Fama, la Leona, la Huasteca y la Banda coincidían. Tierra de leyendas y de cuevas ocultas repletas de tesoros. De seres extraordinarios que se aparecían por las noches. Un río que a la mínima provocación se salía de su cauce, con lugares idóneos para el descanso y meterse a nadar. La de las fincas de gente ilustre. Un aguacatal en donde había frutas de lo más diverso y en donde la señora Consuelo Lagüera de Garza Sada sembraba y cuidaba rosales. La que solo se podía acceder por un camino al borde del río, por el vado Zaragoza en la Fama, por el vado al Blanqueo y por la Huasteca. Ahí donde donde habitaban La Barrica, La Fortaleza, San Isidro y los areneros se instalaron en la margen del río de nuestros ancestros. Y don Eugenio Garza Sada compró un derecho de paso en Los Treviño, por entre Alen y Jacuzzi para llegar al Aguacatal. Ese camino fue vendido por unos insensatos como si fuera de unos cuantos y cerró el acceso desde Díaz Ordaz hasta el Blanqueo. Ahora promocionado orgullosamente como "El Valle Poniente de Monterrey, Nuevo León". Repleto de paseos y colonias exclusivas. Con escuelas y hasta un consulado de los Estados Unidos de América. Ahora todo esto es un franja de tierra tan importante que hasta se dice que Mauricio Fernández la quiso comprar para que fuera una extensión del municipio considerado "Modelo de México". Se nos olvida que esto es también de Santa Catarina. 

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