viernes, 2 de enero de 2015

El restaurante Acapulco de Santa Catarina

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Ya terminada la plaza de La Constitución en 1943, don Rodolfo Páez y su señora la maestra Chita Villaseñor solicitaron una porción para establecer un restaurante al que llamaron “Acapulco”. Ya en la década de 1960 fue atendido por una familia que llegó de Montemorelos a la que pertenecía la señora Amparo Leyva. El negocio dejó de funcionar y con la construcción de la nueva plaza en 1977 la dejaron como biblioteca. Entre 1983 y 1985 sede del DIF Municipal y con Mario Salazar otra vez biblioteca. Con la señora Tere García de Sepúlveda (1988-1990) estas instalaciones sirvieron como centro cultural. Al hacerse la remodelación la quitaron. Yo alcancé a conocerla y esta foto corresponde a 1969, creo que la tomó el arquitecto Toño Páez. Desde ahí les puedo describir los negocios y casas existentes en los alrededores de la plaza en la década de 1970: Por la calle Zaragoza: el palacio, la casa de los Páez Villaseñor, la oficina de Agua y Drenaje, en la esquina la revistería Leo, enfrente una panadería y en la esquina de Juárez y Zaragoza la tienda de José María Guerra y luego atendida por Bruno García, una casa de la familia Guerra, la nevería Aries, la casa de los Páez Garza, el Swami que atendía Abraham, la cantina El Parral de don Alejo Villenueva. En la esquina de Juárez e Hidalgo el consultorio del médico Chano Arizpe y la casa donde vivieron Catita y la maestra Julia, hermanas de los sacerdotes Cayetano Vázquez y Chuy Garza Guerra. Por Hidalgo el templo y la casa donde se hospedó Juárez, en la esquina la peluquería de Lolo Rivera. En frente, en Hidalgo y Manuel Ordóñez las cantinas de don Toño Valerio, La Feria de las Flores y la Cuauhtémoc de los Martínez Villanueva. Una casa en donde habitaron los Sayavedra Medrano, el cine terraza de don Marcos Jiménez y en donde estuvo una disco que se llamó La Guerra de las Galaxias, luego la Tienda Grande y la cantina de un señor a quien apodaban “El Chaparro”. Sobre Zaragoza y Manuel Ordóñez la botica de don Manuel Martínez Padilla. En la esquina la carnicería de Manuel García a quien con todo respeto apodaban El Mofle y en seguida la casa que perteneció a don Fortunato Rodríguez y en la cual habitaba una señora de nombre Carmela, que cobraba pensiones a quienes vivían ahí. Todo está tan presente y tan vivo como si aún estuviera todo vigente. 

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