domingo, 4 de enero de 2015

El kiosco que tumbaron

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Hubo una vez un kiosco tan bonito, tal vez no excelso ni majestuoso; pero nos invitaba a jugar, a subir en el. Desde ahí teníamos una visión y perspectiva de nuestra tierra, de nuestra plaza, de nuestras montañas. En el corazón de la plaza de la Constitución de Santa Catarina, existía una construcción de dos niveles a la que la gente del lugar cariñosamente conocía como el kiosco. Fue construido entre 1942 y 1943, utilizándose cinco toneladas de cemento gris, cascajo, piedra, fierro corrugado de la ya desaparecida fundidora Monterrey, varillas y tuberías como pasamanos, que al tocarlos por la noche daban toquecitos;  siendo el jefe de la obra don Juan Jiménez. En un informe de gobierno de Fidel Ayala, se le describe como “moderno”. Para su edificación se contó con un donativo de 10,000 pesos del entonces presidente Manuel Ávila Camacho y otro tanto del gobernador Arturo B. de la Garza.  Una vez concluida la obra hicieron los andadores y le colocaron  unos faroles que habían estado en la plaza Zaragoza. El kiosco era de una estructura parecida a la de un hongo en la que amenizaban los domingos las orquestas El Modelo de Fidel Ayala, la de Pepe Sandoval o la banda municipal a cargo del maestro Juan Manzanares. Los jóvenes osados y traviesos hacían enojar a un señor a quien llamaban Chito, un hombre con alma de niño. Este los perseguía para asustarlos. Ya cuando llegaba al segundo nivel, los güercos saltaban hasta el primer nivel. O también desde ahí hacían travesuras. Arrojaban naranjas agrias y eso desataba una verdadera batalla campal que solo se detenía cuando los policías salían de la presidencia municipal.  Desgraciadamente con los trabajos de remodelación de la plaza fue tirado en 1977. La gente de Santa se alejó de su plaza y muchos hasta de su tierra para nunca más volver. Solo dejaron el viejo kiosco en sus recuerdos y en sus corazones. 

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