viernes, 16 de enero de 2015

Agua que no has de beber…

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina

Para el alcalde de 1878 el agua no era de buena calidad para el consumo humano. En consecuencia informaba que “los primitivos fundadores de Santa Catarina guiándose únicamente por la proximidad a el agua sin atender al porvenir, se situaron al lado arriba o poniente de la acequia más alta que corre de sur a norte, la población que comprende una extensión de más de media legua, como se ha dicho al lado de arriba de la mencionada acequia, de donde hace todos sus usos y más arriba de la población se tiran todos los animales muertos, algunos de ellos envenenados y cuantas inmundicias conviene arrojar fuera de la población”. La acequia tenía infinidad de árboles en ambos bordes donde crecían todo tipo de plantas, inclusive algunas de ellas venenosas. Aunque la limpiaban seguido y le quitan muchas raíces y camotes de lampazos, crecen pronto y tocan el agua, ocasionando su suciedad. Los animales bebían y hacían sus necesidades, se bañaban todo tipo de personas, algunas de ellas enfermas que venían de Monterrey y ocasionaban enfermedades graves para la población. Habían intentado hacer norias y pozos; pero el abasto era poco ante la necesidad creciente del vecindario. Decidieron traer el agua de un manantial conocido como El Alamar, atrás de la boca del Potrero de Santa Catarina. Entonces se construiría una presa en la Hacienda de Buentellos (actual Huasteca) y de ahí trasladarla en acequias hasta el panteón municipal. El agua de esos manantiales aún existe y no se le da el uso adecuado. El Alamar estaba en terrenos que pertenecieron al Dr. Eduardo Aguirre Pequeño, cercano a un sitio que ahora llaman La Colorada. 

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