jueves, 4 de diciembre de 2014

Para comer tamales en éstas fiestas

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Previo a las fiestas guadalupanas y durante el tiempo de Adviento, la Navidad que a veces los mexicanos festejan hasta el día de la Candelaria, cuando "alevantan al Niño" se comen los famosos tamales. El franciscano Bernardino de Sahagún, quedó asombrado cuando vio a las mujeres mexicas preparando importantes cantidades de tamales dedicadas a sus dioses: los tamales se rellenaban con frijoles y chiles para Tezcatlipoca mientras los que se hacían en honor a Huehuetéotl eran de camarón con salsa de chile. Los tamales ocupaban un lugar singular en los banquetes de las culturas prehispánicas. Los consumían con cuitlacoche y los nopalitos al igual que otros ingredientes prehispánicos. En el códice  Xolotl describen cómo los pueblos del lago de Texcoco, se dieron a la tarea de educar a sus conquistadores chichimecas, enseñándoles a comer atoles y tamales en lugar de alimentarse con carne tatemada en la hoguera. A los mexicanos nos gusta dar relieve a los sabores con otros  y los decoramos de tal forma que no sólo conquiste el paladar, sino la vista también. De ahí que se diga que para ganar primero el amor de un varón, hay que ganarse su panza primero. Los tamales nos recuerdan al dios desollado Xipe tótec, al que quitaban la piel como sacrificio ritual. Para comer un tamal hay que quitarle la piel, representada con hoja de maíz, pues el hombre está hecho con esa planta sagrada. Gracias a los franciscanos y agustinos, los tamales se hicieron parte vital de las posadas. Nos recuerdan al Niño que está a punto de nacer y nos regocijamos comiendo en comunión. En éstos tiempos de tamales que pueden ser de frijol, carne de puerco, de queso con rajas y pollo, recuerdo con nostalgia y cariño los tamales de doña Lupe Requenes, mi comadre Lupe Mendoza y por supuesto los de doña Veva Aguilar que en gloria esté. 

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