miércoles, 3 de diciembre de 2014

La influencia ganadera en la región

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Los pobladores que fundaron haciendas y estancias desde fines del siglo XVI y durante los siglos XVII y XVIII, recibían mercedes de tierras y aguas. La merced era un título de propiedad que se daba al militar que había hecho suficientes méritos, para establecerse y trabajar la tierra. Esa merced de tierra estaba constituida por la caballería de tierra, que era una  medida equivalente a 42.79 hectáreas y se le nombraba así porque era la concesión que se le daba a alguien que tenía caballo (supuestamente sí tenía caballo podía recorrer y cuidar mejor sus propiedades). El sitio de ganado mayor era algo similar a 1,775 hectáreas. Mientras que un sitio de ganado menor equivalía a poco más de 780 hectáreas. Las caballerías de tierra se dedicaban especialmente al cultivo de trigo, maíz y frijol; mientras que los sitios de ganado mayor y menor eran para la cría de ganado caprino o bovino. Con la llegada de Martín de Zavala al gobierno del Nuevo Reino de León en 1626, se dio un auge ganadero, pues propiciaron la entrada de miles de cabezas de ganado menor que venían a pastar durante el invierno. Había agua, suficientes pastos y el suelo salitroso que engordaba a los animalitos. Esto propició una serie de vocablos derivados de la labor de amansamiento y domesticación de reses y caballos salvajes. Palabras que nos recuerdan esa herencia son las siguientes: decimos amachado por terco, cerrero por mal educado y baquetón por desvergonzado. De igual forma, se refleja en la particularidad culinaria, especialmente en cortes de carne y el gusto o consumo de cabrito, panzate, y cuajitos.  En la repostería regional sobresalen las semitas, las hojarascas y los turcos que contienen carne y fueron amasados con carne y manteca de puerco. El sobrepastoreo finalmente fue acabando con los pastos y muchos sitios se convirtieron en páramos. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario