viernes, 28 de noviembre de 2014

La carne asada

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina



Dicen que en Nuevo León durante el verano, lo mejor es una tarde con una carne asada y una cheve de volada. También José Vasconcelos sentenció: “donde termina el guisado y empieza la carne asada, ahí termina la civilización”. Inmediatamente salieron norteños a defender su cultura y su tradición gastronómica. Se dice que hay tres Méxicos: un norte trabajador no muy dado a la cultura, un centro pensante y un sur problemático. Más no debemos considerar el grado cultural de un pueblo basado solamente en el cultivo de las bellas artes. La cultura es el modo de vida de un pueblo y en ese sentido todo es cultura en cuanto manifestación humana. Del Trópico de Cáncer hasta el río Bravo y los límites con los Estados Unidos la carne asada es un platillo sencillo y recurrente pero no por eso denota un grado o nivel cultural. Todo lo contrario, preparar y asar las carnes tiene su chiste y su método. Por tener zonas ganaderas considerables, la carne para asar es considerada como de la mejor. No se diga la que se puede conseguir en Múzquiz y Sabinas, Coahuila. En Nuevo León tenemos muy buenas expendios y en algunos de nuestros pueblos se tienen carnicerías que anuncian la venta de carne fresca con banderas: roja para res y azul para la de puerco. El origen de la carne asada lo vemos en los antiguos indígenas nómadas, cazadores y recolectores, que les gustaba tatemar la carne en las brasas o en la hoguera para consumirla. Y a la llegada de los pobladores de origen ibérico, introdujeron ganado mayor y menor y pronto el consumo y gusto por la carne asada proliferó a tal grado de que las hacemos para fiestas y reuniones especiales. Con una buena salsa, tortillas, cocida con carbón natural o leña de mezquite pues mucho mejor. 

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