lunes, 3 de noviembre de 2014

El acueducto de piedra

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Las cuatro fábricas pioneras de la industrialización en Nuevo León se asentaron entre Santa Catarina y San Pedro Garza García. Seguramente los inversionistas apoyaron sus proyectos al amparo de suficiente agua como para accionar las turbinas y generar la energía necesaria como para mover los telares y los molinos. Había buenas tierras propicias para la agricultura desde San Jerónimo por toda la vera del camino real a Saltillo. Luego la vía de ferrocarril benefició más a nuestras fábricas para su producción. Esto atrajo la llegada de operarios, técnicos y obreros. Nuestros pueblos crecieron en consecuencia. Y el agua como recurso vital para la vida y el campo ahora propiciaron otro modelo de producción. Ya no era el campo ni la minería. A mediados del siglo XIX, en Nuevo León se inició el proceso de industrialización. Entonces construyeron un cordón umbilical para llevar el agua. Una acequia con bordes de piedra que salía por el cañón de Santa Catarina, situada en la banda norte del río la cual atravesaba las tierras de la hacienda de Buentellos y luego de la Capellanía. El tramo derramaba el vital líquido en El Blanqueo, seguía su curso para La Fama, La Leona y los molinos Jesús María. De una simple acequia a un acueducto al que llamaron atarjea. En algunos puntos (aprovechando el declive del terreno) se formaron arcos para tomar altura y dejaban caer el agua para mover unas turbinas. Los tramos gradualmente cedieron, muchos se perdieron y ahora quedan algunos de ellos como testigos del origen de la industrialización en Nuevo León. 

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