miércoles, 12 de noviembre de 2014

Casos y cosas de la fundación de Santa Catarina (2)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


¿En realidad se puede hablar de una fundación en Santa Catarina? Propiamente no. En una fundación se sigue un protocolo acorde a las leyes con la intención de agradar a los altos funcionarios del gobierno de la provincia, del reino o del virreinato. La Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey si se fundó un 20 de septiembre de 1596. Luego el cabildo repartió tierras a los doce pobladores. Se dice que el 20 de noviembre de ese año, don Lucas García recibió mercedes tanto de tierras como de aguas para poblar y establecer la hacienda de Santa Catalina. Quedaron comprendidas tanto el río Santa Catarina, como las tierras situadas en la Sierra Madre y las otras localizadas entre el cerro de las Mitras y la sierra de la Huasteca como de la Ventana. Don Lucas con su esposa acudió a la entrada del cañón o de la Boca del Potrero de Santa Catarina. Mientras rezaban y anunciaban su posesión total en beneficio de la corona de España y del Nuevo Reino de León y de Monterrey, agarró tierra con las manos, tiró piedras, levantó el agua del río y colocaron una cruz. Pero a decir verdad no hay documentos que justifiquen la fecha del 20 de noviembre de 1596. Todos los documentos que amparaban la posesión legal se perdieron en el ataque e incendio que hicieron Huajuco y Colmillo en febrero de 1624. Entonces don Lucas debió pedir la restitución de los documentos, lo cual llegó en tiempos de Martín de Zavala en 1635, cuando el fundador ya estaba muerto. Pero siempre se ha dicho que Santa Catarina se "fundó", o más bien quedó establecida el 20 de noviembre de 1596. Una fecha más bien basada en la tradición que en la historia, la cual también es válida pues nuestros ancestros siempre consideraron ese día como el inicio de la hacienda que ahora es ciudad y un municipio metropolitano, la llamada Puerta de Monterrey. Y nuestro deber moral es continuar esa tradición para que la memoria y la identidad de nuestro pueblo no se pierda. Con tanta razón dicen que el honor de un pueblo corresponde a los muertos, pues los vivos solo lo usufructúan. 

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