jueves, 23 de octubre de 2014

Y la lechuza era una bruja...

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Don Mauricio siempre portaba su machete bien afilado dentro de su funda y cuando el ave de rapiña volaba por encima de él, inmediatamente lo tomó por el mango agarrándolo al revés para golpearla con el lado que no tenía filo. Solo quería defenderse y espantar al espectro que detuvo su camino. Como hombre de campo amarró a su burro en un tronco de un nogal ya seco. La lechuza se posó sobre un mezquite que estaba en medio del monte, mirándolo con sus ojos que brillaban bajo la luz de la Luna. Tuvo tiempo para preparar el ataque. Fingió que iba a encender un cigarro, pero seguía viendo de reojo a la bruja que de pronto voló al cielo para regresar y ocasionarle daño.  Le quitó el sombrero y este sin titubear le propinó un fuerte golpe con el lado sin filo de su machete, haciéndola caer al suelo. Le lechuza aturdida por el golpe intentó elevarse aleteando, pero don Mauricio  le propinó varios golpes con su machete, hasta que logró dejarla inconsciente. Ya no acudió a la labor, se regresó a su casa para serenarse. Al día siguiente que pasó por el lugar se llevó una gran sorpresa pues vio a una mujer inconsciente, vestida de negro y toda golpeada. Al verla más cerca se percató de que tenía muy claras las huellas de los golpes como hechos con el lado sin filo de un machete. Todo indicaba que ella era la lechuza, esa mujer era una bruja. La gente del pueblo sospechaba de una mujer que  practicaba la brujería, y pasados unos días después de aquella experiencia, nunca más se supo de ella. A los pocos meses don Mauricio murió de susto pasado. Lo más raro, el acta de defunción señala que murió a causa de una bala, pero en la familia nadie supo acerca de un tiro. 

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