miércoles, 1 de octubre de 2014

Una anacahuita entre el mito y la leyenda

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


De la famosa y célebre batalla de Icamole en el verano de 1915, tenemos una leyenda llamada “El Ánima de la Anacahuita”, ahí donde los carrancistas derrotaron a los villistas. Uno de los que murieron en el fragor del combate, quedó sin vida debajo de una anacahuita. Curiosamente los animales no le hicieron daño ni tampoco las altas temperaturas comenzaron su putrefacción. Fue cuando se dijo que el cuerpo estaba incorrupto gracias a las propiedades mágicas del árbol, considerado en hoy en día como la flor típica de Nuevo León. Alguien supo su nombre: Roberto Cisneros. Fue enterrado exactamente en donde lo encontraron. Fue cuando uno de los vecinos del lugar llamado Pedro Moreno le hizo una capilla en su honor, pues decían que el árbol tenía propiedades curativas y mágicas. Además el difunto demandaba en los sueños de don Pedro, que lo enterraran mejor; pues un señor de nombre Sabino no lo había enterrado bien. Una vez que lo enterraron bien, Moreno recuperó la salud y una hija de éste comenzó a curar. Dicen que por las noches se le aparecía un ángel sobre su cama, el cual dejó de aparecerse cuando conoció varón. Con el trascurso del tiempo unos irrespetuosos quemaron el árbol milagroso. Yo una vez lo toqué y parecía que vibraba. Ahora solo tenemos la capilla del “Ánima de la Anacahuita” saliendo de Icamole rumbo a Paredón. 

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