viernes, 10 de octubre de 2014

Recordando al padre Catarino


Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Si, ya le he publicado en muchas ocasiones, pero a quien no le gusta ver a nuestras mamás, abuelitas, tías, madrinas y maestras de catecismos en aquellos años. Aquí aparecen arropando al padre Catarino Garza. En 1974 cuando no le reconocieron el triunfo a Conny Maldonado de Zambrano para la alcaldía de Santa Catarina; durante las manifestaciones buscaban interlocutores con el gobierno del Estado y la federación. Ahí dijeron que el mejor y más adecuado era el padre Catarino, pues no había persona más honorable y buena que él. Todo un gran hombre y un santo sin saberlo. El padre Cata nació en Juárez, Nuevo León el 13 de febrero de 1923. Estudió la carrera comercial en Monterrey. Trabajaba en negocios de su familia cuando de pronto decidió ingresar contando con 31 años al Seminario de Monterrey donde estudió humanidades y filosofía. Estudió teología en el Seminario de Montezuma, Nuevo México. Fue ordenado sacerdote el 23 de junio de 1966. Nombrado vicario en el templo de Cristo Rey y en la Purísima en Monterrey. Párroco de Santa Catarina de 1970 a 1974. Dejó la parroquia por quejas de algunos feligreses que se quejaban de ser estricto y regañón. Quienes lo conocimos en ese tiempo daba la impresión de ser un niño grandote. Luego responsable ecónomo del Seminario de Monterrey. Vivió en el Monasterio Benedictino del Tepeyac en la Ciudad de México. Párroco en Salinas Victoria. Fue vicario en diversas parroquias de Monterrey como el Rosario (1990-1991), Basílica de Guadalupe, San Antonio de Padua, San Felipe de Jesús y Cristo Redentor. Formador en el Curso Introductorio del Seminario de Monterrey . Capellán del hospital y maternidad Conchita, de la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, de las Hijas de San Pablo, de las religiosas del Verbo Encarnado y de la Congregación de la Orden de la Visitación de María. Falleció el 13 octubre de 2010. Por eso lo recuerdo con mucho aprecio y nostalgia por aquellos buenos tiempos, indudablemente. 

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