jueves, 16 de octubre de 2014

La montaña sagrada en Buenos Aires

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Las montañas tienen un nombre e indudablemente ellas nos refieren a la divinidad. Son la morada divina y desde ellas Dios habla a los hombres. Por ejemplo Yahvé habló a Moisés desde el Sinaí y ahí se le manifestó. En el cerro de la Estrella ocurrió el nacimiento del dios Huitzilopochtli. Para los egipcios, las pirámides eran montañas sagradas que representaban a las constelaciones que tomaban la figura de los dioses. Los antiguos habitantes del noreste mexicano también consideraban a la montaña como lugar sagrado y como sitio ideal para compartir sus signos: la fortaleza, la vida y la majestuosidad. A ellas acudían a consumir el jugo del peyote y a su amparo hacían los mitotes. En ese lugar mantenían la vida de su entorno y aseguraban que las fuerzas vitales no se perdieran. Esta montaña se le conoce como el Pico del Gavilán. Forma parte del cañón de San Judas que se extiende hasta el cañón de las Escaleras. Por esta montaña igual accedían al Pajonal que a San José de los Nuncio. A sus pies surgió una comunidad llamada Buenos Aires, como alusión a los vientos frescos y húmedos que corren por entre la sierra, dando vida y cobijo a quienes ahí habitan. Por eso los antiguos dejaron morteros de piedra para moler su alimento. Enfrente de Buenos Aires, está Morteros. En ese sitio se bifurcan los caminos. Es un vórtice de energía donde los elementos ejercen su fuerza: el aire, el agua, la tierra y el Sol manifiestan su influencia sobre todos los seres vivos. Ahí está la principal estación de bombeo para el agua potable de Santa Catarina, García y San Pedro Garza García.


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