jueves, 18 de septiembre de 2014

Origen y fundamento de una gran ciudad

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina 

A 418 años de su fundación definitiva, el nombre completo que vemos en el acta de la fundación redactada por el secretario Diego Díaz de Berlanga y dictada por Diego de Montemayor es el de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey. Sus fundadores fueron visionarios y no se quedaron cortos. Al titularla así indudablemente pensaron en un proyecto grandioso. Pero a decir verdad no me quiero imaginar una ciudad que en 1596 parecía más bien un campamento alrededor de unos manantiales de agua limpia y cristalina conocidos desde 1577 como de Santa Lucía. Con apenas 36 habitantes, una población llamada ciudad sin serlo pero con ello aseguraban los autos y permisos para establecerla. Metropolitana porque pensaron que algún día sería una metrópoli y en efecto, las haciendas que repartieron a los doce fundadores se convirtieron en valles en el siglo XVIII y villas y congregaciones en el XIX y desde 1970 se integraron en una zona metropolitana conformada por once municipios. El acta hace referencia a la virgen de la Purísima Concepción como patrona y protectora de la nueva ciudad y de Monterrey en honor a don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey y virrey de la Nueva España. Dicen que desde un principio a Diego de Montemayor le llamó la atención de una actitud reverencial y mística: la del indio que intentaba flechar el Sol cuando salía por entre el cerro de la Silla, como una forma de aprisionarlo, quedárselo consigo. Por eso en 1672 la reina regente de España, Mariana de Austria autorizó el escudo oficial en donde se describe esa escena. Un símbolo prehispánico que indudablemente prevalece en ésta gran ciudad que el 20 de septiembre cumple 418 años de fundada.

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