sábado, 13 de septiembre de 2014

La noche de El Gilberto (1)

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Quienes crecimos en las décadas de 1970 y 1980 tuvimos la idea de que Monterrey y sus municipios conurbados, no podían sufrir los embates de las fuertes lluvias o tormentas. Las montañas como gigantes de piedra nos protegerían de vientos huracanados y de lluvias torrenciales. La zona metropolitana creció, pero a expensas de ríos, arroyos, lomas y montañas. Entre 1984 y 1987 instalaron casi 15 colonias en el plan del río Santa Catarina y en el arroyo del Obispo, sin contar las innumerables familias asentadas en sus márgenes.  El 8 de septiembre de 1988 se formó el huracán Gilberto en el mar Caribe dejando una secuela de destrucción en las islas, cruzó la península de Yucatán, se convirtió en categoría cuatro en el golfo de México y día el 14 tocó tierra en la Pesca, perteneciente a las costas de Tamaulipas, para entrar un día después por un sitio conocido como la Carbonera y descargar su furia sobre la sierra Madre Oriental, específicamente sobre Galeana, Rayones, Santiago y Santa Catarina.  Una fuerte y continua lluvia no dejó de caer desde el día 15 y para la noche del 16 de septiembre el huracán Gilberto llegó a Monterrey, provocando inundaciones devastadores en el noreste de México, particularmente en la zona metropolitana. Ya convertido en tormenta tropical provocó 29 tornados en Texas y posteriormente se degradó a depresión tropical. 

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