domingo, 14 de septiembre de 2014

La noche de El Gilberto (2)


Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Nos advirtieron de una posible inundación pero muchos no tomaron los cuidados necesarios.  Los precavidos buscaron víveres por la posibilidad de quedarse encerrados por dos o tres días. La lluvia llegó en forma normal, pero gradualmente el agua del huracán se descargó sobre la sierra. De las partes altas bajó a los valles, corrió por los arroyos, se unieron al río Santa Catarina, al San Juan, Pesquería, Salinas, Salado, Pilón y Ramos. Pronto el Santa Catarina agarró tanta agua provocando una creciente que arrastró camiones y autos, dejando decenas de muertos y desaparecidos. Fue cuando el arquitecto Héctor Benavides, se metió en serio a la comunicación social y se llevó las palmas: toda la noche transmitió por radio convirtiéndose en el portavoz de los sin voz. Por la mañana del sábado 17, el espectáculo era asombroso y terrible, el cauce del río de mis ancestros estaba completamente lleno, con oleajes de hasta dos metros; casi rebasando por encima de los puentes. Con su fuerza, había arrastrado todo lo que se encontraba en él: casas, puentes, las canchas, los juegos mecánicos Manzo y unos árboles que recién habían plantado en él Santa Catarina. El cronista centenario de Monterrey, don Pepe Saldaña ya les había advertido de las consecuencias fatales. Como suele suceder, los incrédulos tecnócratas del poder pensaron se trataba de los efectos de la edad senil. Tenía 100 años y había visto la inundación de 1909. 

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