sábado, 20 de septiembre de 2014

La Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey


Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


Después del protocolo de la fundación, de nombrar a las primeras autoridades y de redactar esa carta tan maravillosa con la da inicio la historia de nuestra ciudad, esa acta de fundación que luego robó Juan Morlete en 1596, don Diego Díaz de Berlanga como escribano autorizó el reparto de solares y mercedes para la nueva ciudad a la que otorgaron 15 leguas por cada lado: hacia el norte hasta la cuesta de Mamulique. Al sur hasta la Cuarizasepa (hasta el río Ramos en Allende), al oriente hasta el río San Juan y al poniente la cuesta de los Muertos. Ahí dejaron las primeras haciendas y estancias. Luego don Diego de Montemayor en compañía del primer cabildo de Monterrey, rodearon una improvisada mesa, desenvainaron sus espadas, las elevaron y unieron sus puntas, mientras "los soldados restantes, distribuidos frente a los cuatro rumbos cardinales, con los arcabuces apuntaban al infinito, y a una voz de mando de Don Diego de Montemayor dispararon. El eco retumbó en las montañas, parvadas de pájaros cruzaron el valle, y las señoras de rodillas, elevaron al cielo sus oraciones". Así fue de formal y solemne la ceremonia de la fundación de la ciudad. Una ciudad que sorteó todo tipo de problemas y dificultades, pero que finalmente se convirtió en una de las ciudades más importantes de México y de América Latina. En aquel entonces, de acuerdo con las descripciones de la época, los alrededores eran un "lugar apacible, sano y de buen temple y buenos aires y aguas y muchos árboles". ¡Qué Viva la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey! ¡La honorable, invicta y heroica Ciudad de Monterrey!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario