martes, 16 de septiembre de 2014

El atentado del 17 de septiembre de 1973

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


En aquel 17 de septiembre de 1973, allá por el rumbo de Villagrán y Quintanar, un poco más al norte de la central de autobuses;  el atentado sucedió en unos instantes. De pronto reinó la confusión, la agonía y la muerte de quienes se vieron involucrados. Nunca se supieron los motivos: un secuestro para tratar de liberar a un grupo de terroristas y negociar la vida del empresario que propiamente hizo grande a Monterrey y cuya familia lo colocó como caso excepcional en una de las tres ciudades más importantes de nuestra nación. Don Eugenio alcanzó el heroísmo junto con el chofer de nombre Bernardo  y un escolta llamado Modesto Torres, quienes le hicieron frente como los buenos cansados de tanta impunidad y a riesgo de su propia vida, enfrentando a aquellos que nos la hacen menos y nos la quieren quitar. Don Eugenio cayó gravemente herido sobre el pavimento y aun así se lo quisieron llevar. Y tan grande y fuerte como el cerro de la Silla no lo permitió. Murió en la ambulancia de la Cruz Roja que lo llevaba al hospital. Bien lo dijo don Ricardo Margain Zozaya en aquel memorable discurso frente a los emisarios del pasado: “pero no es esto (el castigo de los responsables) lo que preocupa a nuestra ciudad. Lo que alarma no es sólo lo que hicieron, sino por qué pudieron hacerlo”. Y Monterrey se hizo grande por don Eugenio Garza Sada quien aún vive en su memoria, su legado, su familia, en el Tecnológico y en las empresas que aplicaron el modelo de rentabilidad social. Recordemos a don Eugenio a 41 años de su partida material. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario