viernes, 15 de agosto de 2014

Lo que nos queda para recordar

Antonio Guerrero Aguilar/ Cronista de Santa Catarina


En Nuevo León se veneran a tres imágenes muy parecidas y al parecer del mismo origen y hechura tlaxcalteca: nuestra señora del Roble, la virgen Chiquita o de la Purísima y la de San Juan de los Lagos en Santa Catarina. Previo al 15 de agosto, se rezaba el novenario, se preparaba la gran kermesse, se ponía la feria en la plaza y se hacían los preparativos para la serenata a la virgen el 14 de agosto por la noche; cuando llegaba la orquesta de don Fidel Ayala Jiménez. Propiamente hacían dos paradas: en la imagen de azulejo situada en el muro oriente frente a la plaza para luego entrar al templo. Lo cierto es que la fiesta comenzaba con la serenata y era cuando salían de sus casas para llevarle el gallo a la virgen. El día 15 había misa, kermesse, baile y al último los toritos que cargaba Luis. Cerca de la media noche prendían los castillos de pólvora y los cohetones iluminaban el cielo de Santa Catarina. El templo y la imagen de la nuestra señora de San Juan de los Lagos como lugar de re-unión y sacramento que refrendaba el patronato y el origen de un pueblo. Todos festejaban, todos se paseaban, todos convivían. Era el día en que los santacatarinenses de afuera coincidían con los que nos quedamos en el pueblo. Quitaron la plaza, prohibieron la feria en los alrededores, cerraron los accesos, quitaron el kiosco, prohibieron los toritos porque supuestamente eran peligrosos y ya nada fue igual. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario